miércoles, 26 de febrero de 2014

Activistas instan a reactivar el campo mexicano: la platica del grupo ¡Salir del Petróleo! con La Jornada

Activistas instan a reactivar el campo mexicano: la platica del grupo  ¡Salir del Petróleo! con La Jornada
Adhesión al TPP profundizaría los efectos negativos del TLCAN en el país, advierten
Fernando Camacho Servín
 
Periódico La Jornada
Sábado 22 de febrero de 2014, p. 16

La posible adhesión de México al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) significaría profundizar los efectos negativos que ya ha provocado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 20 años de aplicación, el cual únicamente ha beneficiado a las grandes empresas trasnacionales en perjuicio del equilibrio ecológico del planeta.

Así lo advirtieron los integrantes del colectivo ¡Salir del petróleo!, quienes lamentaron que ni los partidos políticos ni las organizaciones civiles noten el vínculo entre este modelo económico y los fenómenos de violencia y pobreza que afectan al país, y por lo tanto no lo analicen ni discutan cómo salir de él.

Durante una conferencia de prensa en el que presentaron un análisis sobre las consecuencias jurídicas, sociales y medioambientales del modelo de libre comercio impulsado por Estados Unidos, los activistas Miguel Valencia, José Arias, Edgardo Mota, Rodolfo Buentello y Mauricio Villegas advirtieron que el TPP es un nuevo y más potente instrumento de guerra económica que reforzará al TLCAN.

Una de las áreas más perjudicadas por este modelo, indicaron, es el campo mexicano, el cual ha sufrido la quiebra de más de 80 por ciento de los pequeños agricultores desde la firma del acuerdo comercial, lo que a su vez ha generado un fenómeno masivo de migración forzada y el surgimiento del narcotráfico como poder trasnacional.

De igual forma, lamentaron que aunque el TLC significa para los gobiernos de Estados Unidos y Canadá un simple tratado, para su contraparte de México se ha vuelto una entidad por encima de la propia Constitución, que le da múltiples ventajas a las empresas extranjeras si el Estado quisiera interponer medidas de protección laboral o ambiental.

Por todo ello, manifestaron que los grupos dirigentes del país son élites fallidas que se pliegan a los dictados de las compañías y los gobiernos de sus vecinos del norte, al mismo tiempo que renuncian a su obligación de generar un modelo propio de evolución y desarrollo.

El TPP va a ser como el TLCAN pero diez veces peor, y ante ello el Estado mexicano es cada día menos un Estado porque ya no hay un pacto social, lo que deja a las autoridades la única labor de administrar las riquezas del territorio en beneficio de unas cuantas empresas, subrayaron.

Para revertir esta tendencia, es urgente reactivar el campo mexicano, pues de esa forma cambia de forma radical la posición geopolítica del país, al romper con la dependencia de la importación de alimentos, evitar la migración forzada y golpear el ámbito donde hoy se desenvuelve sin freno el crimen organizado.



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Miguel Valencia
ECOMUNIDADES 

jueves, 20 de febrero de 2014

Viernes 21 de febrero: Invitación a conferencia de prensa del grupo ¡Salir del Petróleo!

Viernes 21 de febrero: Invitación a conferencia de prensa del grupo ¡Salir del Petróleo!

Tenemos el gusto de invitarlos a la conferencia de prensa del grupo ¡Salir del Petróleo! que tendrá lugar este viernes 21 de febrero, a partir de la una de la tarde, en el Centro Cultural de la Diversidad situado en el primer piso de Colima 267,esquina con Insurgentes (frente a la estación Durango del Metrobus), colonia Roma. Presentación de un análisis en torno a las consecuencias jurídicas, políticas, sociales, ambientales, simbólicas que tiene ya en México la firma del Acuerdo Transpacífico, el ATP, y la continuación o reforzamiento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el TLC.

Atentamente

Grupo ¡Salir del Petróleo!
Adriana Matalonga, Ana María Yustis, Edgardo Mota, José Arias, José Ignacio Félix Díaz, Mauricio Villegas, Miguel Valencia.

sábado, 15 de febrero de 2014

La trampa del lujo::: decrecimiento


decrecimiento


La trampa del lujo

Posted: 14 Feb 2014 09:00 PM PST

Antonio Caro - Diagonal

Spots televisivos, revistas de papel cuché, suplementos dominicales y soportes de publicidad exterior no cesan de ponerlos al alcance de nuestros ojos y, por tanto, de nuestro deseo: productos de lujo que se nos ofrecen tentadores a nuestra mirada con toda su carga de seducción a cuestas: perfumes, coches de alta gama, tratamientos de belleza, vestidos y trajes de las firmas más cotizadas del mundo... Con la particularidad de que la inmensa mayoría de esos productos no están al alcance de nuestro poder adquisitivo.
¿Cuál es, entonces, el objetivo de esa exhibición pública que podemos calificar de obscena? ¿Por qué la publicidad de tales productos de lujo no está recluida en los circuitos solo accesibles a las élites a las que están naturalmente destinados, de manera que no contamine la escena pública; con lo cual, por lo demás, su rentabilidad publicitaria se multiplicaría por muchos enteros? Hay dos explicaciones al efecto.

La primera es de índole pragmática y corresponde a las estrategias de marketing que desarrollan la gran mayoría de los fabricantes de tales productos elitistas. Nuestro poder adquisitivo no alcanza con toda probabilidad para adquirir un Mercedes clase S, un bolso de Loewe o bien para embutir nuestro esqueleto en un arquetípico traje de Armani o una creación de alta costura de Dior. Pero tal vez con un poco de suerte sí llegue para comprarnos un Smart –que, a fin de cuentas, es igualmente un producto de la empresa alemana–, para regalar a nuestra pareja con motivo de una ocasión especial una fragancia, un desodorante o un after shave de Loewe o bien para permitirnos de cuando en cuando una fruslería de Armani o un lápiz labial de Dior. Productos estos que corresponden a lo que los expertos llaman «políticas de extensión de marca» y que, al margen de aumentar su rentabilidad y su presencia en el mercado, cumplen la función de hacernos participar, de manera si se quiere vicaria, en el imaginario de la marca de lujo, sintiéndonos en cierta medida, en lo más secreto de nuestro subconsciente, parte de esa minoría privilegiada que sí posee un Mercedes clase S, un bolso de Loewe, uno o varios trajes de Armani y hasta un modelo alta costura de Dior.

La segunda es de carácter más sutil. ¿Por qué las marcas de lujo exhiben sus creaciones ante un público masivo que no dispone ni remotamente de los medios para ser miembros de su «público objetivo»? La razón profunda es la siguiente: están marcando el horizonte de nuestros deseos y de nuestras aspiraciones. No nos sentimos en absoluto formando parte de esa minoría exquisita y refinada que a la que se destinan por definición tales productos de lujo, pero sí podemos aspirar a ser miembros de la misma. Y puesto que la publicidad nos pone tales productos al alcance de nuestra mirada deseante, tendemos a vivir la ilusión de que ya estamos integrados en ella. Es de este modo como la publicidad en general, y la publicidad de productos de lujo en particular, cumple uno de sus objetivos más perversos y, por lo demás, menos conocidos: encauzar nuestras expectativas individuales y sociales en el sentido que marcan las exiguas minorías que nos gobiernan. Y con ello, contribuir a preservar el orden establecido.

El mecanismo es tan sutil como difícil de desentrañar. La exposición pública de los productos de lujo a través de la publicidad cumple, por así decir, una función delegada. En la medida que el ciudadano de a pie se deja llevar por el embrujo o la seducción que aquéllos provocan, se va adhiriendo sin saberlo al orden social que existe en su base. Incluso cabría decir que los elementos de que el marketing se vale para producir tal embrujo –desde la sofisticación del envase de un perfume hasta la belleza etérea de la modelo que lo anuncia– persiguen como objetivo último obtener dicha adhesión. Y de este modo empieza a entenderse el papel institucional que, en detrimento de otras instituciones históricas, cumple hoy en día la publicidad. Y de este modo tal vez resulte comprensible que, en una nación como la nuestra con una cuarta parte de su población en paro, aún no se haya producido una explosión social.

Y porque la exhibición publicitaria del lujo en los medios masivos no es finalmente otra cosa que una trampa, ello no es incompatible con que el lujo “de verdad” resulte por definición inalcanzable para las grandes mayorías. Esto es lo que venía a proclamar un reciente titular del suplemento dedicado a la moda del autodenominado “periódico global” en español: «Hiperlujo contra lujo democrático: la élite reclama un giro a lo ultraexclusivo para distinguirse de las masas».

Hasta aquí, amigo Sancho, hemos llegado. Una cosa es que la exhibición publicitaria de los objetos de lujo cumpla el papel institucional y socialmente integrador que aquí hemos comentado. Otra cosa muy distinta es que las “masas” se tomen en serio esa exhibición y aspiren, nada menos, que a disputarnos nuestros Mercedes serie S, nuestros bolsos de Loewe y nuestros trajes de Armani.

viernes, 14 de febrero de 2014

Cambiar la mente cambia el mundo

Cambiar la mente cambia el mundo

Presentación en el Primer  Coloquio de la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, UACM- 7 de febrero de 2014

Por Miguel Valencia Mulkay

Los productos, las actividades industriales, los servicios de salud, educación, transporte, diversión, que contaminan el mundo, son producto de sueños, quimeras, valorizaciones, decisiones, distopías, de personas extrañas, muy especiales: son resultado de las necesidades, deseos y temores de personas con bastante poder económico y político que viven angustiadas, alteradas, desquiciadas y desean más seguridad y control sobre los demás: quieren conservar lo que tienen como para aumentar el poder que tienen; quieren más dinero y más poder. Las ambiciones de este tipo no tienen límite, son desmesuradas. La desmesura es la característica dominante del mundo moderno, es el fundamento de los valores dominantes hoy en día; es el cimiento de  la cosmogonía de la modernidad.

 La contaminación que vemos afuera en el aire, en los mares, ríos, lagos, arroyos, humedales; en las praderas, bosques, selvas, glaciares, tiene su contrapartida en la mente, en el espíritu de aquellos que crean o adoptan las ideas dominantes; es decir: de las personas con poder económico y político; lamentablemente, cada vez más pobres comparten esta visión del mundo: desean lo mismo, quieren lo mismo que los ricos y poderosos; quieren más autos, más aviones, más edificios, mas crecimiento económico.  La modernidad se resume en: QUIERO MÁS; QUIERO MAS GRANDE; QUIERO MAS RAPIDO. A estos valores e ideas nos enfrentamos cuando observamos la contaminación de las atmosferas, las aguas, los suelos. La contaminación que vemos que acaba con la belleza de la naturaleza y las culturas, es un reflejo de lo que hay en las mentes, en el espíritu, de una parte muy importante de la población humana.    

¿Cómo llegó una parte muy importante de la población humana a adoptar las ideas y los valores de las personas con gran poder económico y político? Se logró por medio de la creación de un sistema económico que cambia el ambiente de los seres humanos y los obliga a trabajar, a producir y a consumir mucho más de lo que deberían; un sistema cuya fuerza avanza en el mundo en la medida que avanza la acelerada creación de nuevas necesidades, deseos y temores. Hay que tener muy claro que éstos se fabrican como se fabrican las mercancías: son el producto de subsistemas hechos para la fabricación de estos productos. ¿Cómo se fabrican las necesidades, los deseos y los temores de cientos de millones de personas en el mundo? Por medio de acciones cotidianas particulares a lo largo de décadas, de siglos; por medio de la alteración deliberada de los hábitos primarios del ser humano, como es el nacimiento, la primera alimentación, las primeras sensaciones de la vida; por medio del consumo de nuevos productos y servicios para el bebe y para los primeros años del niño; por medio de la escolarización primaria, secundaria, preparatoria, universitaria o de altos estudios; por medio de la televisión, el radio, el cine, los videos; por medio del consumo de lo cotidiano en la casa, en la vía pública (los muros de la ciudad educan), en las diversiones, las tecnologías, las actividades productivas. La escuela, los medios,  las calles, las tecnologías de consumo personal,  afectan severamente las ideas, las necesidades, los deseos, los temores, de las personas: colonizan la mente, el imaginario de las personas, en cualquier lugar donde se encuentren, desde su infancia hasta la muerte.

 ¿Cómo afecta la colonización del imaginario de cientos millones de personas, realizada por la escolarización, los medios, el consumo de tecnologías, como el celular el Ipod, el auto, la computadora?  El balance de este proceso histórico es desde luego muy negativo si tomamos en cuenta los resultados a la vista: el  colapso climático, ambiental, energético, hídrico, de la biodiversidad, de la limpieza, alimentario, agrícola, de la salud, comunitario, cultural, de las ciudades, de la educación, de la seguridad personal, de la ciencia y la tecnología, social, económico, financiero, de la Paz, simbólico, en suma: el colapso del mundo y muy especialmente de México. Veinte colapsos mayores que afectan severamente la viabilidad de la vida humana en la Tierra, son el resultado de la labor, en los últimos 50 años cuando menos, de las escuelas, los medios, las tecnologías, y principalmente del mismo estado. Los efectos secundarios de estos subsistemas y del sistema económico y político nos alcanzan cada día más y aceleran los colapsos.

 

 El crecimiento económico de los últimos 30 años ha sido muy difícil: cuesta mucho más destrucción social y ambiental  conseguir hoy en día un punto de aumento en el PIB.   No las próximas décadas sino los próximos lustros pueden ser calamitosos para la mayor parte de la población mundial: la historia se acelera. Los megaproyectos, la urbanización, la economía, la tecnociencia, el consumismo y el productivismo disparan la nocividad de las contaminaciones.  Las tecnologías de alto riesgo- la nuclear, la biotecnología, la nanotecnología elevan los riesgos de catástrofe; el desarrollo sustentable, la tecnología, el crecimiento y la economía verdes no sirven ya ni siquiera para embaucar muchos ingenuos. Ahora, hasta los principales responsables del desastre mundial, en los gobiernos poderosos, en el Banco Mundial, el FMI, el G20, la OCDE, están confusos y preocupados por lo que sucede en el mundo desde que inicia este siglo: ya "está pasando lo que estaban entendiendo".

 

Por más de medio siglo se utiliza a la escuela, la educación, el cine, el radio, la televisión, los espectáculos, los muros de la ciudad, la publicidad, la mercadotecnia, con el fin de introducir en las sensibles mentes de los niños- mientras más niños mejor- nuevas necesidades, deseos y temores y también, para renovarlos hasta la muerte; con el propósito de capacitar a la sociedad en la productividad, en el consumismo, en la sumisión a la moda y el espectáculo; de crear imaginarios sociales progresistas, desarrollistas, económicos, economistas, economicistas; Una empresa de intoxicación de la mente de muchas generaciones  que ahora empieza a mostrar su verdadera cara, con los desastres, los colapsos mundiales.  La colonización del imaginario social es sistémica, lo que hace bastante difícil cambiar los valores que requiere la defensa de la naturaleza y el tejido social. Como lo advierte Jean Paul Besset[1]La humanidad entera comulga en la misma creencia. Los ricos la celebran y los pobres aspiran a ella. Un solo dios, el Progreso, un solo dogma, la economía política, un solo edén, la opulencia, un solo rito, el consumo, una solo oración: Nuestro crecimiento que estás en los cielos... Por todos lados, la religión del exceso reverencia a los mismos santos- desarrollo, tecnología, mercancías, velocidad, frenesí y persigue a los mismos heréticos- los que están fuera de la lógica del rendimiento y del productivismo- difunde una misma moral-tener, nunca es suficiente; abusar, jamás es demasiado, tirar sin cesar, después recomenzar otra vez y siempre. Un espectro los persigue por las noches: la caída del consumo. Una pesadilla los obsesiona: las caídas del Producto Interno Bruto. Por su parte, Ingmar Granstedt nos dice lo siguiente[2] “Se han vuelto ahora valores positivos y primarios la agresividad y el cinismo del “golpeador”, la seducción manipuladora, la capacidad de dar golpes más y más bajos, la indiferencia ante el sufrimiento de otros, cercanos y lejanos, sin hablar de la complacencia del consumidor irresponsable” .

 

Evidentemente hay que cambiar estos valores que afectan por igual a la naturaleza (el medio ambiente) y al tejido social. El problema de esta muy necesaria revalorización del mundo reside principalmente en el hecho de que el imaginario dominante es sistémico; es decir: que los valores dominantes los suscita y estimula el sistema económico al que, en cambio, contribuyen a reforzar.  Consecuentemente hay que ir más allá y cuestionar lo que hay detrás de este sistema portador de valores como la concepción del tiempo, del espacio, de la vida, de la muerte, etc.   Como lo señala Serge Latouche[3] “Es necesario un descentramiento cognoscitivo. La deconstrucción del progreso, del progresismo es indispensable. Se trata de valorizar el “regreso/arrepentimiento” y la regresión, dicho de otra forma, proceder a lo que Raimon Panikkar llama una “metanoia” (regreso/arrepentimiento/ recuerdo doloroso de las faltas,…) previo al muy necesario “desarmamiento” cultural de Occidente que preconiza... “Para juzgar al progreso, no es suficiente conocer lo que nos añade; es necesario, además,  analizar de lo que nos priva”[4]. En suma, revalorizar presupone reencuadrar y reconceptualizar la educación al mismo tiempo que repensarla”. Reconceptualizar o redefinir/redimensionar se impone, por ejemplo, para los conceptos de riqueza y pobreza, pero, también para esa pareja infernal, fundadora del imaginario económico, la escasez /abundancia, que es urgente desconstruir. Como lo han demostrado muy bien Ivan  Illich y Jean Pierre Dupuy, la economía transforma la abundancia natural en escasez por la creación artificial de la falta o de la necesidad, a través de la apropiación de la naturaleza y su mercantilización”         

 

La idea de la escasez, elemento fundacional del pensamiento económico, invade a cientos de millones de personas en el mundo: sienten que nos hace falta mucho, siempre y en todo momento; esta sensación de que mucho nos hace falta crea ambiciones infinitas o desquiciadas: de eso trata la economía moderna, de volver escaso todo lo que abunda en la naturaleza y de crear escasez donde había abundancia; de cambiar el ambiente para obligar a todos a someterse a condiciones de producción y consumo siempre en aumento so pena de quedarse atrás y morir. Latouche pide una revolución cultural en el verdadero sentido del término y  cita a Castoriadis “Sin embargo, para que exista un tal revolución, es necesario que sucedan cambios profundos en la organización psicosocial del hombre occidental, en su actitud con respecto a la vida, en suma, en su imaginario. Es necesario que la idea de que la única finalidad de la vida es la producir y consumir cada día más- idea a la vez absurda y degradante- sea abandonada; es necesario que el imaginario capitalista de una seudo-maestría seudo racional, de una expansión ilimitada sea abandonada. Eso, solo lo pueden hacer los hombres y las mujeres. Un individuo solitario o una organización, no puede hacer algo mejor que preparar, criticar, incitar, esbozar las orientaciones posibles”[5]   

 



[1] Jean Paul Besset, Comment ne plus etre progressiste..sans devenir reactionaire, op..cit p. 134-135

[2] Ingmar Grandstedt , Peut-on sotir de la folle concurrence? Petit manifeste a l’intention de ceux qui en ont assez. La Ligne d’horizon, Paris, 2006, p.96

[3] Serge Latouche, Le Pari de la decroissance, p.158

[4] Baudin de Bodinat, La Vie sur terre, Reflexions sur le peu de avenir que contient la temps ou nous sommes, Paris, 1996, p 71

[5] Cornelius Castoriadis, Une societe a la derive, p.244  




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Miguel Valencia
ECOMUNIDADES