martes, 30 de abril de 2013

La religión de la economía: responsable del colapso del mundo

La religión de la economía: responsable del colapso del mundo

Ponencia presentada en el grupo de trabajo por una red nacional en defensa de la Madre Tierra

29 de abril de 2013

Hace unos 800 años, el papado abandona un principio fundamental del cristianismo: No a la usura, al autorizar el funcionamiento de los bancos en la Lombardía: nace la modernidad y la desacralización del mundo. Pocos siglos después, por la creciente actividad bancaria, emergen grandes financieros que patrocinan el Renacimiento, la Reforma, la revolución de los cercados y el nacimiento de la ciencia moderna.  La autorización papal del precio a la moneda (cobro de intereses), con el tiempo abre la puerta, hace unos 500 años, a la legitimación de la propiedad privada (compra-venta de tierras), y más tarde, hace unos 200 años, a la mercantilización tecnificada del ser humano (los recursos humanos), por medio de sueldos y salarios por día, semana o mes. Hace unos 400 años aparecen en Europa las ideas que habrían de formar parte de las teorías económicas clásicas que emergen hace unos 250 años. Nace entonces una supuesta disciplina científica que pretende teorizar sobre las falsas mercancías creadas por los poderosos: el dinero (la mercancía que sirve para comprar todas las mercancías), la tierra y el ser humano; germina una disciplina científica que tiene pretensiones de ciencia dura como la física y que se ve obligada a recurrir en exceso a las matemáticas para ocultar su desoladora vaciedad y sus verdaderos propósitos: hacer más ricos y poderosos a los que ya lo son.

Las maniobras de papas, reyes, obispos, príncipes, clérigos, estudiosos, generales, hacen realidad la idea de la escasez, esencia misma del pensamiento económico. La doctrina de los recursos escasos asignados a fines alternativos (una de las definiciones clásicas de la economía), infesta a Europa y luego al mundo al iniciarse las revoluciones conservadoras: higienistas, industriales, sanitarias, transportistas, urbanas. Los fines alternativos que propone en el fondo la economía son todos aquellos fines o ambiciones inconfesables que se les ocurren a las mentes más degradadas y miserables de la humanidad (el liberalismo); no obstante, para hacer factibles estas ambiciones inconfesables, el pensamiento económico debe aceptar las contribuciones de aquellos que proponen fines alternativos encomiables, altruistas(la economía política), debido a que proponen beneficiar a todos los seres humanos o a la mayoría o a los más vulnerables, pero, desde luego, sin objetar la idea de la escasez o del uso intensivo de la moneda en la vida humana o el predominio de las mercancías en el mundo. La economía viene pues a legitimar la avaricia, la usura, la expoliación originaria de tierras, las ambiciones ilimitadas, los medios por encima de los fines, los juicios fragmentarios y la explotación del ser humano y los dones de la Madre Tierra.

La economía, hija bastarda de la ciencia y la tecnología, encuentra en ellas los instrumentos para hacerse poderosa y reinar sobre todas las cosas del mundo; inventa los sueños de progreso y desarrollo: la modernización y el paraíso tecnológico en la tierra; fabrica entonces un culto por la ciencia y la tecnología que somete a las religiones y cultos del mundo al embate de una nueva y fatal creencia: la ciencia y la tecnología, ahora convertida en tecnociencia, tiene todas las respuestas a nuestros males; todo puede ser resuelto por la tecnociencia, por el conocimiento científico.  No importa que detrás de toda contaminación y agotamiento de los dones de la Madre Tierra haya ciencia y tecnología, más ciencia y tecnología resolverá los problemas del ser humano. El culto a la ciencia y la tecnología, la ciencia chatarra, produjeron luego nuevas escuelas y universidades, los mensajes de los medios y la publicidad, y nuevas teorías políticas y económicas que a su vez fabrican en el siglo XX un nuevo hombre: el homo economicus o el hombre unidimensional, el hombre que sólo vive y entiende la dimensión económica de la vida, una dimensión esencialmente artificial, impuesta a todos desde el nacimiento por los poderosos del mundo. La economía coloniza las mentes de muchas generaciones hasta crear un imaginario social esencialmente económico, economista, economicista, que sólo entiende de actividades en esos términos y que se convierte en enemigo de todo lo que tiene el ser humano de espiritual, artístico, cultural, convivencial, creativo, vital, generoso, altruista, noble. La economía invade finalmente los aspectos más íntimos de la vida y los rincones más alejados de la Tierra. En nuestras mentes se encuentra el origen del desastre social y ecológico del mundo.

El consumismo, el trabajo alienado, se convierten en valores centrales de la vida moderna en el siglo XX; querer más, más grande y más rápido es la esencia de las aspiraciones del ser humano contemporáneo. Por medio de la mercadotecnia y la publicidad, el crédito al consumo y la obsolescencia programada, las personas quedan sometidas a un trabajo y consumo degradante que no sólo anula sus potenciales creativos sino que las convierte en individuos sistemáticamente depredadores tanto en lo social como en lo ecológico o ambiental. El imaginario económico fomenta la competencia por algunas zanahorias que muy pocos consiguen; obliga a todos a ser expertos en economía y finanza; se occidentaliza el mundo entero y mueren las culturas milenarias, las tradiciones y los dones de la Madre Tierra. La economía se convierte en la religión dominante en el mundo. Los fetiches del crecimiento, del Producto Interno Bruto, el PIB, los mercados, la productividad, la competitividad se imponen sobre la conservación de las culturas y los dones de la Madre Tierra, incluso sobre la supervivencia de la especie humana.   

La política y la sociedad quedan entonces bajo el reinado de la economía, mueren las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, así como los intentos democratizadores o socializantes o ecologistas o ambientalistas, en el mundo. El colapso del mundo: ecológico, climático, ambiental, energético, hídrico, de la biodiversidad, sanitario, agrícola, alimentario, comunitario, urbano, educativo, de la salud, cultural, social, de la Paz, institucional, político, simbólico, tiene una causa central: la religión de la economía, esa autodenominada disciplina científica. Desde hace más de 250 años, la economía es la justificación que se utiliza para autorizar el saqueo de los dones de la Madre Tierra, la contaminación de los suelos, mares, ríos, lagos, lagunas, humedales, manglares, ambientes, atmosferas; para tolerar la esclavitud de cientos de millones de seres humanos, la miseria de más de la mitad de la humanidad, la migración de miles de millones de personas en el mundo, el desquiciamiento del tejido social, las guerras y los inmensos riesgos que ecocidio y genocidio que pesan sobre la humanidad.  La economía es el mito histórico, la ciencia chatarra que se emplea para legitimar las acciones criminales de políticos, financieros, empresarios, científicos, académicos, administradores, y desde luego, de los mismos economistas. La economía es la responsable de la terrible devastación cultural y ecológica del mundo.




--
Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
¡Descrecimiento o Extinción!

18 de mayo, Seminario breve Qué entendemos por descrecimiento

18 de mayo, Seminario breve Qué entendemos por descrecimiento

·         Que sucede con la ideología del crecimiento: el crecimiento sin límite.

·         El crecimiento como una elección y una excepción

·         Que ocurre con la idea del progreso y del desarrollo

·         Que acontece con la economía, la industrialización y la productividad

·         El fin de un mundo: la crisis institucional mundial

·         Hacia el desastre ambiental mundial

·         Hacia el desastre social global: la violencia, las instituciones, la riqueza y la miseria

·         Hacia el desquiciamiento político: la política-espectáculo; la tecnocracia

·         Hacia el desfondamiento de la persona humana: la crisis de la cultura

·         Hacia el desastre simbólico: la uniformización del mundo, las multitudes en pánico.

·         La apuesta por el descrecimiento: sus implicaciones teóricas y prácticas

·         El pensamiento en el que se sustenta el descrecimiento: Ivan Illich, Nicholas Georgescu Roeguen, Cornelius Castoriadis, Jacques Ellul, Serge Latouche, Paul Aries.

·         El movimiento por el descrecimiento: degrowth, decroissance, decrescita, decrecimiento, descrecimiento; las conferencias internacionales de degrowth.

·         La crítica a las falsas soluciones: los mercados de carbono, la economía verde; el crecimiento verde; la sustentabilidad; la tecnología, el crecimiento de la población.

·         Las canteras del descrecimiento: el trabajo, el consumo, la tecnología.

·         Líneas estratégicas de descrecimiento: La revalorización del mundo, la relocalización; la gratuidad, relación con la Madre Tierra; espontaneidad, resignficación de nuestros cuerpos, del tiempo y del territorio.

·         La autonomía, la simplicidad voluntaria, las experiencias colectivas

·         La construcción de una sociedad en descrecimiento sereno y equitativo.

·         La pedagogía de las catástrofes; la transición hacia otra sociedad. 

·         El Buen Vivir el oficio de vivir y la condición humana. La sobria ebriedad del ser.

Seminario impartido por Miguel Valencia Mulkay de ECOMUNIDADES, Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México y del movimiento ¡Descrecimiento o extinción!

El seminario tendrá lugar el sábado 18 de mayo de 2013, de las 9.30 de la mañana a las 2 de la tarde en el teatrito de la Universidad de Londres, localizado en Orizaba 139 esquina Guanajuato, colonia Roma, a dos cuadras de Álvaro Obregón. Entrada por el estacionamiento de la unidad.  

Recuperación de gastos $ 500.00 por persona; descuento 80% a representantes de organizaciones sociales y estudiantes con credencial.

Condiciones: inscripciones hasta cubrir el cupo o el 15 de mayo al correo vammulkay@gmail.com o al teléfono (55)5212-1886

 

 



--
Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
¡Descrecimiento o Extinción!

lunes, 29 de abril de 2013

Sobre la organización de un posible encuentro nacional de descrecimiento

Estimados amigos:
 
No muchas personas han querido participar en la organización de un posible encuentro nacional de descrecimiento, por lo que tendremos que trabajar mucho con el fin de lograr su realización. A pesar de que en México existen ya muchas personas que reconocen haber oido hablar de descrecimiento, inclusive tan conocidas como Don Pablo Gonzalez Casanova, el Dr. Víctor Toledo, o Martí Batres, muy pocas personas tienen conocimiento de las corrientes de pensamiento en las que se sustenta y de la matriz con la que se elaboran sus propuestas concretas, por lo que no hay muchas personas a las que se pueda recurrir para presentar ponencias teóricas sobre este tema. Sin lugar a dudas, el maestro Jean Robert es la persona en México con mayor conocimiento de los aspectos teóricos y culturales ligados a este movimiento internacional: el pensamiento de Ivan Illich es uno de los pilares del descrecimiento.  Sin embargo, existen muchos grupos en México que sin muchos conocimientos teóricos realizan actividades prácticas que podrían calificarse como grandes aportes al descrecimiento, como lo son los promotores de huertos urbanos, permacultura, excusados ecologicos, captaciones de agua de lluvia, movilidad metabólica, recuperación de técnicas artesanales antiguas (indigenas, campesinas, artísticas), recuperación de desechos mecanicos, recuperación de formas artesanales de hacer alimentos (Slow Food),  de construir casas, de hacer ropa, de enseñar a los niños, de sanar enfermos, de hacer amenidades. Existen mucho ecotécnicos en México a los que podríamos recurrir en apoyo de este encuentro. Tambien, existen profesores cuyas ideas son relativamente cercanas al descrecimiento que podrían hacer importantes aportaciones teóricas en los temas economicos, energéticos, alimentarios, agropecuarios, laborales, urbanísticos, sociológicos, médicos, educativos, filosóficos, culturales, entre otros. Es muy importante en este proyecto contar con el apoyo de algunas universidades y organizaciones sociales.   
 
Propongo sostener una primera reunión preparatoria en las proximas semanas para discutir cómo podríamos organizar este primer encuentro nacional de descrecimiento. ¿ qué opinan?
 
Un abrazo a todos
 
--------------------------------------------------

Convocatoria a integrar el comité organizador del Primer Encuentro Nacional de Descrecimiento.

Debido a su economía de crecimiento, la sociedad mexicana, como muchas otras, está en el fondo de un hoyo profundo: desde hace años decrece persistentemente su economía; mientras más se esfuerza por hacer crecer su economía más logra brutales decrecimientos. Quiere resolver las crisis creadas por el crecimiento con más crecimiento; quiere resolver los problemas creados por la tecnología con más tecnología; quiere resolver los daños creados por las políticas de desarrollo con nuevas políticas de desarrollo. Como resultado de estos esfuerzos, el crecimiento que consigue sólo beneficia a las empresas transnacionales, concentra la riqueza en pocas manos y empobrece cada día a más ciudadanos. El nuevo gobierno mexicano, los partidos políticos y las universidades quieren obtener resultados diferentes con la misma mentalidad que ha creado los problemas que nos han llevado al desastre; caminan en círculos sin saber realmente adónde ir; insisten en las soluciones tautológicas. En estas circunstancias, el único horizonte que se puede vislumbrar para nuestro país en los próximos lustros es el decrecimiento económico sostenido; un decrecimiento más doloroso cuando se hacen esfuerzos extremos para crecer. Ante esta perspectiva podemos esperar sorpresas muy desagradables en los próximos años.

El productivismo conduce al mundo hacia una catástrofe climática, energética, alimentaria, ambiental, económica, financiera, de derechos humanos, de democracia. En los últimos 30 años, las contaminaciones lanzadas al ambiente y la devastación de los dones de la Naturaleza han sido excesivas; ha sido demasiada la destrucción del tejido social. La competencia por exprimir lo que queda de riquezas naturales o culturales alienta ahora el aumento de la violencia. Por otra parte, no podemos esperar que este proceso suicida sea frenado o revertido por los gobiernos, los partidos y en general, por las instituciones; de hecho, estamos obligados a enfrentar estos desastres con la oposición y el sabotaje de las instituciones, ya que estamos frente a la mayor crisis institucional de la historia. Es indispensable rescatar al país con otra visión del mundo, con otros valores, actitudes y formas de hacer política; acciones desde abajo, desde la base social, lo que entraña una intensificación del dialogo entre los miembros de cada comunidad del país y entre las comunidades y organizaciones sociales del país. Un diálogo que tiene como eje la búsqueda de una vía alternativa para la subsistencia de los más débiles, para los derrotados por la economía de crecimiento que son la gran mayoría de los mexicanos.

Desde hace cinco años hemos propuesto un proyecto de sociedad frugal y ecológica que hemos denominado descrecimiento, en oposición al crecimiento económico permanente que preconizan las instituciones; en rechazo a un crecimiento fundado en el sueño dominante: el enriquecimiento de todos; en contra de un crecimiento que sólo sirve para empobrecer a la gran mayoría. El descrecimientonos propone salir de la economía, abandonar esta religión moderna que se ha metido en el imaginario social, para recuperar el buen vivir; para evitar la muy previsible catástrofe mundial que ha sido advertida por muchos estudiosos en el último siglo; para alejar el fantasma de un Apocalipsis que nos envía señales cada vez más fuertes y cuya cercanía cada año es reconfirmada por medio de nuevos estudios. El descrecimiento preconiza la descolonización del imaginario, como paso previo a la creación de una vía alternativa al crecimiento económico; nos ofrece una visión de la historia que nos permiten realizar esta muy difícil tarea, indispensable para iniciar la transición hacia una sociedad post desarrollo. Nos proporciona, además, una matriz para desarrollar alternativas adecuadas frente a los asuntos básicos de la subsistencia humana, como la energía, el agua, los alimentos, la paz, la resistencia y la resilencia comunitaria. El descrecimientotiene implicaciones teóricas que virtualmente no se estudian en las universidades y que merecen ser difundidas, para fortalecer el cambio de rumbo en México.

En la 3rd. International Conference on Degrowth for Ecological Sustainability and Social Equity de Venecia de 2012, recibimos el ofrecimiento de apoyo a las actividades nacionales del movimiento mexicano de descrecimiento, de parte de grupos de países europeos y de Canadá y Brasil. El grupo de Madrid nos ofreció su asesoría para realizar encuentros nacionales. En 2014, tendrá lugar la Cuarta Conferencia Internacional de Degrowth, en una sede por definir.

ECOMUNIDADES los invita a fortalecer al movimiento mexicano por el descrecimiento, por medio de mensajes, artículos, textos, blogs, libros, charlas, seminarios, conferencias, talleres, y sobre todo, por medio de la organización de reuniones regionales, encuentros nacionales y conferencias internacionales. Convocamosa los interesados en la consigna descrecimiento a ponerse en contacto con ECOMUNIDADES, para integrar un comité organizador de un Primer Encuentro Nacional de Descrecimiento, actividad que debería servir a la preparación de una Conferencia Internacional de Degrowth en México.
--

Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
¡Descrecimiento o Extinción!

martes, 23 de abril de 2013

decrecimiento::: Del decrecimiento infeliz al decrecimiento feliz

Del decrecimiento infeliz al decrecimiento feliz

Posted: 23 Apr 2013 09:35 AM PDT

Julio García Camarero


¿Cómo salir de la Crisis?

Es sabido que en la actual situación de crisis global creada por una oligarquía totalmente insaciable, la mayor preocupación de la mayoría de la población es como conseguir superar esta crisis galopante

Y ésta preocupación se acentúa aún más en el caso de los jóvenes que son los que están sufriendo este padecimiento de paro, de pobreza y de marginación, con mayor intensidad.

Y los poderes económicos internacionales (FMI, BM, OMC, entre otros), las grandes corporaciones y los gobiernos lacayos nos indican y nos empujan hacia unos caminos descabellados para salir de la crisis, como lo son intentar volver al quimérico crecimiento económico ilimitado; o comenzar a caminar por varios decrecimientos infelices (infelices para la inmensa mayoría de la población), para crear empleo dicen paradójica e hipócritamente.

En este sentido nos indican cuatro alternativas a la crisis:

 -Que intentemos la quimera de continuar con el crecimiento infeliz ilimitado, pero que no puede ser ilimitado, puesto que los recursos del planeta son limitados. Y que además, es un crecimiento alienante, esquilmador y apocalíptico. Esto es lo que ha venido sucediendo en los países de Europa y del Primer Mundo.

 -Que aspiremos a un decrecimiento infeliz deprimente, reductor de la calidad de vida. Como el que sobrevino en el Socialismo Real en su desplome y está empezando a suceder en muchos países del Primer Mundo. Ambos casos obsesionados con el desarrollismo estándar y en imponer recortes sociales.

 - Que aspiremos a un decrecimiento infeliz caótico, como lo son los casos de Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia, etc. Países que ya se encuentran al borde de las quiebra, y que sólo están manteniéndose a base de padecer una usura insostenible y mortal y unos recortes sociales a los que llaman reformas.

 - Que aspiremos a un decrecimiento infeliz caótico y apocalíptico, como está sucediendo en Japón después de su incalculable desastre nuclear, que fue precedido por una grave crisis económica. Y como consecuencia de un indispensable desarrollismo energético para poder competir globalmente en el crecimiento.

 En general estos decrecimientos infelices están caracterizados por degradación social del trabajador, infelicidad por exceso de trabajo asalariado-enajenado, la obligación-necesidad del consumismo de seudo-necesidades, como es el caso más agobiante de tener que ser propietario de tu casa a costa de una hipoteca que te roba más del 80% de tu salario.

Además estos desastres, este tipo de decrecimiento también ocasiona la contaminación y destrucción la biosfera y la generación de un cambio climático apocalíptico.

Pero, frente a todos estos caminos infelices, aún es posible q ue nos anticipemos a mayores desastres potenciando el decrecimiento feliz, o el crecimiento mesurado y transitorio  (en el Sur) que crean buenas relaciones humanas y que no es competitivo, ni consumista.

Y ¿qué es el decrecimiento feliz?

Es la redistribución de la riqueza del planeta entre todos. Y además, que los trabajadores trabajen menos, consuman menos, contaminen menos y que por eso sean más felices.

 Es una corriente de la ecología-social, que se basa en cuatro principios esenciales:

-Crítica al crecimiento crematístico . Critica que el dinero se convierta en un fin en lugar de ser sólo un medio para llegar a un fin.

-Quimera crecentista . Considera que es una quimera que se pueda crecer ilimitadamente a partir de unos recursos naturales que son limitados.

-Decrecimiento indispensable. Hemos llegado yaa un estado de despilfarro, de esquilmación y deterioro (en los últimos 30 años hemos consumido-esquilmado el 30% de todos los recursos planetarios), por lo que no basta con un crecimiento económico cero. Hay que decrecer.

-Con reciclajes y energías alternativas no basta. Pues no existe un reciclaje completo. Según el 2º principio de la termodinámica, en el proceso fabril, y en el consumo de materia y energía, se produce una entropía, es decir, se genera una materia y energías disipadas y caóticas que son imposibles de reciclar.

 Es indispensable cambiar nuestro actual imaginario del mundo y de las cosas. Un imaginario que hoy aparece centrado exclusivamente en el crecimiento y en el consumismo.

¿Y cómo conseguir este decrecimiento feliz?

Desde luego no aumentando el crecimiento, el productivismo o el consumismo, como nos dicen que es necesario para crecer y para conseguir así la felicidad.

No, al contrario, se trata de dejar de obsesionarnos con el PIB y conseguir una producción de bienes de uso que no estén en función de acumular PIB, sino de dejar de medir todo por su precio, se trata de huir en alguna medida del dinero y de dar más importancia al ser humano que al los objetos materiales, que al dinero.

 Además, está constatado estadísticamente que el paro y el empleo precario no cesan y que además aumentan de forma paralela a como lo viene haciendo el crecimiento económico.

 Se trata de llegar a un desarrollo humano en donde se dé preponderancia a los bienes relacionales que nos conducirán a lograr la felicidad a base de satisfacer las 9 necesidades humanas descritas por Max-Neef: afecto, subsistencia, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad.

Y para salirse del sistema capitalista, e iniciar el decrecimiento feliz o el crecimiento mesurado y transitorio, (en el caso de los países del sur) serán necesarios, al menos, cuatro elementos de impulso:

1° Que algún sindicato comience a reivindicar una reducción drástica y progresiva de la jornada laboral -y esa sería la autentica reforma laboral-: una reducción de jornada laboral progresiva en proporción al aumento continuo de la eficiencia de la técnica.

Los sindicatos en lugar de defender el poder adquisitivo del consumista, deberían defender el consumo responsable, el derecho humano al esparcimiento y el derecho a los bienes relacionales.

Y para conseguir esto la primera y primordial acción, será una drástica reducción de la jornada laboral; pero sin que ésta tenga porque afectar demasiado a los salarios, los cuales podrán ser compensados con la riqueza añadida por el aumento de la eficiencia de las maquinas.

A esta reducción de jornada laboral se la dará prioridad por encima de la obtención y acumulación de PIB.

2° Que una potente asociación de consumidores, organice una eficaz campaña, no violenta en pro del consumo responsable, de boicot al consumismo de productos innecesarios y denuncia de la obsolescencia programada.

3° Que un fuerte movimiento ecologista denuncie, eficazmente, el deterioro irreversible que está sufriendo la biosfera, los ecosistemas y la biodiversidad, como consecuencia de las acciones anotrópicas, como lo son el productivismo y el consumismo. Este tipo de movimientos ya existen pero tal vez deberían de redoblar su acción.

4º  También existen ya infinidad de movimientos sociales sensibilizados en algunas dela múltiples  problemáticas decrecentistas (Eco feminismo, bancos del tiempo, consumo responsable, cooperativas integrales, etc.), será muy importante que se unan todas, en una lucha común decrecentista.

 Además, va a ser muy necesario que de forma individual y consciente se comience a  practicar el consumo responsable y la autoproducción, con la iniciación de hábitos y acciones como los describe Paolo Cacciari en su libro Decrecimiento o barbarie.

Gente pequeña, haciendo cosas pequeñas en sitios pequeños pueden cambiar el mundo.

 Y para terminar

quiero decir que yo no soy economista, y menos aún economista de esta economía clásica y retrograda, que perdura inalterada desde el siglo XVIII.

Pero sin ser economista, se entiende perfectamente que es una falacia eso que dicen ese tipo de economistas.  Eso de que: "el crecimiento económico es bueno para la economía".

Y es una falacia porque es una frase incompleta.

Para que fuera una frase completa (y no una falacia oculta) deberían de decir: "el crecimiento económico es bueno para la economía de una reducida oligarquía".

 Pero esto que llaman crecimiento económico, para la inmensa mayoría no es más que un decrecimiento infeliz.

 Porque la riqueza acumulada por el crecimiento oligarca no cae del cielo como el maná, sino del decrecimiento económico, social y vital de una inmensa mayoría.

Podemos poner un ejemplo histórico. Cuando hablaba  Kenedy de su "Alianza para el progreso" también era un enunciado incompleto y falaz pues, para que este enunciado fuera completo y no falaz, tenía que haber hablado de  "Alianza para el progreso de EEUU y para el retroceso, para la creación de la deuda y para el padecimiento de la usura y deuda eterna del patio trasero de los EE UU.

lunes, 22 de abril de 2013

decrecimiento::::: ¿Por qué basar todo en el crecimiento? (contestación a Vicenç Navarro)

¿Por qué basar todo en el crecimiento? (contestación a Vicenç Navarro)

Posted: 21 Apr 2013 09:25 AM PDT

Margarita Mediavilla, Carlos de Castro, Luis Javier Miguel, Iñigo Capellán, Pedro Prieto, Emilio Menéndez, Juan José Álvarez

El pasado 6 de febrero Vicenç Navarro, respetado sociólogo y catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, publicaba un artículo en El País titulado Las pensiones no están en peligro en el que criticaba a "aquellos que concluyen que el sistema público de pensiones en España no es viable como consecuencia de la transición demográfica" e indicaba que el incremento de la productividad, el crecimiento económico y el aumento de la población cotizante resolverían los "mal llamados problemas de viabilidad del sistema público de pensiones".

Este artículo  fue contestado el 27 de febrero por Floren Marcellesi, coordinador de Ecopolítica, Jean Gadrey, economista y miembro del consejo científico de ATTAC Francia y Borja Barragué,investigador de la Universidad autónoma de Madrid, en otro texto aparecido en el Diario Público y titulado Las pensiones y el fin del crecimiento. Estos autores criticaban que Vicenç Navarro  basase  el futuro de las pensiones en el aumento de la productividad y el crecimiento económico, olvidando completamente la crisis ecológica.
A su vez, el profesor Navarro replicó indirectamente  en su blog el 7 de marzo, en una entrada titulada  El problema no es la falta de recursos sino el control de dichos recursos. En ella, aunque no cita directamente a estos autores, hace una crítica  a los "malthusianos" y al "movimiento ecológico conservador, que considera que el crecimiento económico en sí es negativo".

Hemos creído importante contestar  porque este debate  evidencia un problema que estamos sufriendo. Personas procedentes de diferentes movimientos cuestionamos el actual modelo socioeconómico, pero lo hacemos centrándonos cada una en  nuestros aspectos particulares. Esta parcelación no es buena porque impide abordar correctamente el problema. No vivimos únicamente una crisis económica sino una crisis sistémica, que es a la vez una crisis social (de desigualdad), ecológica (de recursos, contaminación y biodiversidad), económica (desregularización, sistema financiero,  privatización), ética (cuidados, relación ser humano-naturaleza),  etc. No podemos resolverlas a base de centrarnos sólo en  uno de los aspectos particulares, debemos hacer un esfuerzo por colaborar y englobarlos todos en una visión sistémica.

Esto es complicado porque, con frecuencia, hablamos incluso lenguajes diferentes. Vicenç Navarro, por ejemplo, critica al movimiento ecologista que  "considera que el crecimiento económico en sí es negativo, pues está consumiendo los recursos que continúan percibiéndose como limitados, ignorando, de nuevo, la capacidad de la humanidad de redefinir las categorías "recurso" y "crecimiento económico"". Al hablar de "recursos" él está hablando de algo  relativo que puede ser sustituido fácilmente, está hablando de recursos económicos. Sin embargo, cuando ecologistas o  ingenieros hablamos de recursos, hablamos de cosas  que no tienen nada de relativas. La energía, los minerales o las especies  de un ecosistema son cosas muy concretas, medible en unidades físicas y que normalmente no se pueden sustituir.

Para un economista, por ejemplo, el petróleo convencional (de fácil extracción) puede ser sustituido por el petróleo no convencional (de extracción mucho más complicada y contaminante) y su valor económico puede ser igual. Sin embargo, desde el punto de vista físico, el petróleo no convencional requiere mucha más energía para su extracción y refino, con lo cual la energía neta que se extrae es mucho menor (y las consecuencias ambientalesson muy graves). Por ello, desde el punto de vista físico, la sustitución es incompleta, ya que el recurso es de peor calidad. Lo mismo puede decirse de la sustitución de unos minerales por otros, o de la supuesta "sustitución" de una especie que se extingue.

Ecologistas y científicos estamos diciendo que los recursos se están agotando y los posibles sustitutos son de peor calidad en términos físicos. Esto no quiere decir que no existan sustitutos y que no los podamos calificar de "recursos",  pero sí nos habla de que la sustitución no es sencilla ni se produce automáticamente ni tampoco sabemos si  los nuevos recursos nos van a permitir sostener una civilización industrial como la que conocemos. Si las nuevas tecnologías  no nos permiten mantener una sociedad con altos niveles de transporte, industria, extracción de minerales, producción de alimentos, etc. las relaciones económicas que hoy en día consideramos habituales se verán completamente trastocadas.

Para que científicos-ecologistas y economistas pudiéramos dialogar necesitaríamos hablar un mismo lenguaje, pero no es sencillo hacerlo. El mundo económico se mide unidades monetarias  y resulta muy complicado encontrar incluso datos sobre las variables físicas  involucradas en el proceso económico. Es muy difícil, por ello, que podamos dialogar y estudiar los problemas.

Por otra parte, no nos parece justo el apelativo de "malthusianos" que utiliza Navarro, ni el que  diga que hay abundante evidencia científica de que los que hablaron de límites al crecimiento  se equivocaron. Malthus era un economista liberal que realmente no estudió los límites al crecimiento y,  sinceramente, no sabemos de qué abundante evidencia científica habla Navarro. Lo que   estamos viendo estos años (con una abrumadora profusión de datos) es que las  predicciones de los mal llamados "agoreros" se están cumpliendo. Tanto los  Meadows con sus informes sobre los límites del crecimiento,  el climatólogo Hansen con el cambio climático, el IPCC con las catástrofes asociadas a éste,el geólogo M. Hubbert con el pico del petróleo convencional  o quienes predijeron la sobreexplotación de pesquerías, aguas dulces y minerales; no sólo no se han equivocado, sino que,  a 30 o 40 años vista, están acertando  con una precisión elevada.

Otro de los aspectos que nos parece importante comentar del artículo del profesor Navarro es el hecho de que éste se apoye en el constante aumento de la productividad  para argumentar que no debemos preocuparnos por el mantenimiento de las pensiones a largo plazo (hasta 2050). Si bien es cierto que la productividad de los trabajadores ha aumentado notablemente en el último siglo, no podemos obviar que esto se ha realizado a base de unas tecnologías  y unas formas de producir concretas: el uso de maquinaria, la automatización, la producción centralizada en grandes factorías muy especializadas y transportada a grandes distancias, el comercio internacional, etc. Todas estas formas de producción se basan en un aumento muy notable del consumo de energía, especialmente de petróleo. Esto es especialmente evidente en el ejemplo que  utiliza: la producción alimentaria mundial y también en el caso del comercio internacional, motor del crecimiento de las últimas décadas.

Muchos estudios predicen que antes de 2050 todos los combustibles fósiles  habrán alcanzado sus techos de extracción, sin que los petróleos no convencionales puedan variar significativamente este declive, a pesar de toda la reciente parafernalia tecno-optimista desplegada en muchos medios  en torno a las llamadas energías no convencionales (especialmente a la fracturación hidráulica y sus promesas de maná energético para otros cien o doscientos años).  Aunque no queremos extendernos en este artículo con datos técnicos  es ya constatable que el petróleo están entrando en esta década en una fase de estancamiento y declive (el lector interesado puede consultarlos puntos de vista de ASPO en www.peakoil.net).

En 2050 podemos esperar que la producción mundial de petróleo sea aproximadamente la mitad de la actual, la de gas natural un 30% menor mientras que el carbón y el uranio se encontrarán probablemente  en fase de estancamiento. Además, las alternativas (petróleos y gas natural no convencionales) que parecerían alargar unos años ese declive, generan más gases de efecto invernadero que los combustibles convencionales por unidad de energía neta, haciendo que la pinza: crisis energética-caos climático nos apriete cada vez con mayor fuerza.

En ese horizonte ¿podemos dar por sentado que vamos a  aumentar la productividad un  1,5% anual como hemos hecho  en décadas pasadas en las que los recursos crecían? El progreso tecnológico tendrá que centrarse en intentar sustituir estos recursos y los estudios que algunos autores hemos hecho sobre ello muestran que no va a ser nada fácil. Los aumentos de productividad/innovación se verán frenados probablemente por la ley de rendimientos decrecientes, debido entre otras causas a las  sustituciones incompletas entre recursos y a la gran degradación de los ecosistemas.

Es muy sencillo hablar de incremento de la productividad y mejora tecnológica sobre el papel, pero cuando uno baja a las tecnologías concretas las cosas son diferentes. Las últimas décadas han contemplado cómo diversas tecnologías que en un momento dado fueron vendidas  como "revolucionarias"  alternativas a los combustibles fósiles, han mostrado su carácter de burbuja. La energía nuclear de fisión y fusión, los transgénicos, las pilas de hidrógeno, el coche eléctrico, los biocombustibles, el "fracking"… Estas tecnologías han mostrado en ocasiones resultados interesantes, pero todas se han quedado  muy lejos de cumplir las expectativas que prometían y, es más, algunas de ellas  sólo tienen interés  para las empresas que las venden y poseen efectos ambientales desastrosos.

Vicenç Navarro también argumenta que una economía puede crecer sin recursos, a base de actividades menos intensivas en el uso de la energía como el cuidado a las personas. Si bien en este punto estamos de acuerdo con él, no debemos olvidar que los datos nos muestran que no es esto lo que hemos hecho en los últimos años e incluso siglos.  A nivel global, y desde hace prácticamente un siglo y medio, estamos acostumbrados a crecer económicamente a base de consumir cada vez más energía y recursos naturales, no va a ser nada sencillo cambiar esta tendencia. No hay país que disponga de avanzados servicios de cuidados sociales  que no los haya construido sobre una base social de consumo intensivo de energía total y per cápita. Aumentar el bienestar y el crecimiento económico con recursos de peor calidad, aunque sea posible, es algo que  no sabemos cómo se puede materializar.

A pesar de todo lo expuesto nos gustaría  dejar bien claro que estamos completamente de acuerdo con Vicenç Navarro en su defensa  del mantenimiento de las pensiones públicas y en su denuncia de los intentos de usar como excusa su inviabilidad (supuesta o no) para hacer negocio con su privatización. Las pensiones públicas deben mantenerse, sea sencillo o difícil. No se puede tolerar que una sociedad en épocas de crisis no defienda los  pilares básicos de  sanidad, educación, pensiones, alimentación y vivienda.  También estamos de acuerdo  en que una buena parte de la crisis del estado del bienestar y de la crisis ecológica galobal han sido las políticas neoliberales que han causado una enorme concentración de la riqueza y un descenso de las rentas del trabajo. Pero argumentar  que si  "los salarios fueran más altos, si la carga impositiva fuera más progresiva, si los recursos públicos fueran más extensos y si el capital estuviera en manos más públicas (de tipo cooperativo) en lugar de privadas con afán de lucro, tales crisis social y ecológica (y económica y financiera) no existirían" como afirma, creemos que  es ir demasiado lejos.  La crisis ecológica es muy profunda y, si bien es cierto que la enorme desigualdad  y la concentración del capital en manos privadas  hacen mucho más difícil su solución, no son éstas las únicas causas.

Malthus se equivocó porque  pensó que la productividad de la tierra iba a seguir siendo la que había sido en el pasado y fue incapaz de ver que en su época se estaba gestando la revolución industrial basada en energía del carbón que iba a cambiar enormemente los métodos de producción. Gran parte de los economistas  actuales pueden estar cometiendo un error similar, pero de signo contrario, no viendo que en el panorama tecnológico se está produciendo también un cambio radical en estos momentos.

¿Por qué es tan difícil destronar el mito del crecimiento económico? ¿Por qué debemos esperar siempre que el crecimiento, el aumento de la producción y el desarrollo tecnológico nos resuelvan los problemas, ya sean las pensiones,  el desempleo o la desigualdad? ¿No hay  otras formas de conseguir el bienestar social?   El hecho de que  algunos catastrofistas se  equivocaran en un momento dado no nos permite asegurar que  todo el que avise de una catástrofe esté equivocado. El principio de precaución debería llevarnos a analizar cuidadosamente todas las alarmas y  no confiar alegremente en que las tendencias del pasado se van a repetir.  Esperemos que este debate nos pueda servir para ello y también para abrir los diálogos que nos ayuden a encontrar las soluciones que tanto necesitamos en estos momentos.

sábado, 20 de abril de 2013

decrecimiento :::::: ¿Por qué apostarle al procomún?


¿Por qué apostarle al procomún?

Posted: 17 Apr 2013 08:31 AM PDT

tequio

Así termina Santiago López Petit su texto para el libro Fuera de Lugar. Conversaciones entre crisis y transformación (Acuarela 2013):

El desafío es construir una política del querer vivir, una política que recoja las necesidades y aspiraciones del 99%, lo que no significa en absoluto eludir las cuestiones espinosas, sino todo lo contrario. Se abre una bifurcación que clarifica las posiciones. Tenemos que hacer un esfuerzo por ser menos románticos y mucho más duros con el poder… y también con nosotros mismos.
Pensamos, al leer distintas teorías y ver lo que nos rodea, que estamos en un cambio de época, que el mundo que fue cimentado en el siglo XVIII está derrumbándose: el capitalismo depredador va camino de acabarse muchos ecosistemas básicos y las relaciones sociales sanas, y las instituciones que sustentan el Estado nación dan muestras una y otra vez de estar agotadas. El crecimiento ilimitado, el racionalismo a ultranza, la privatización de la vida, la globalización financiera y criminal, y en definitiva, la occidentalización del mundo ha llevado a reventar su base, su raíz. Y todo esto se va a caer.


Pero nos equivocamos si pensamos que lo que está por nacer es un mundo idílico, en paz y armonía. Ya lo dijo Wallerstein, cuando explicaba el tema de la posible bifurcación del camino del sistema-mundo: puede instalarse algo peor para las sociedades humanas, quizás un fascismo financiero exacerbado o ¿quién sabe? Pero ¿recuerdan 1984 de George Orwell, Un mundo feliz, de Aldoux Huxley o V de Vendetta y Matrix?

El desafío es activarnos e ir construyendo alternativas al sistema hegemónico y bien pudiera ser apostar al procomún, pero ¿qué ofrece involucrarse en la construcción y/o defensa de un bien común?

Ahora, un rápido punteo sobre interesantes aspectos del procomún:

-Los procomunes encierran en su esencia un bien común, una comunidad asociada a él y un modo de gobernanza. Son insustituibles e inalienables. Pensemos en un bosque, un río, una radio comunitaria, Internet, las licencias Creative Commons, los idiomas, las recetas, el genoma humano, los colores…

asamblea-Actualiza prácticas que servían: aunque parezca algo novedoso, los commons existen desde siempre, desde que el ser humano llega a acuerdos para mantener ciertos bienes necesarios para su bienestar. A partir del siglo XV en Europa se producen los primeros cercamientos (físicos y mentales) que propiciarán el nacimiento del capitalismo y la hegemonía de lo privado frente a lo comunitario, hasta ese entonces preponderante.

-Actualmente existen muchas experiencias en todo el mundo, tanto de defensa del procomún, como de creación de comunes, o ambas propuestas a la vez.

-Los comunes rompen con la clásica dicotomía público/privado introduciendo la modalidad de propiedad colectiva, con una autogestión al margen de la crisis del Estado nación y de la voracidad empresarial y la especulación financiera. La comunidad participante tiene el control del bien común y asegura el acceso a todas y todos sus miembros.

-Esa gobernanza necesaria se mantiene por la participación activa de la comunidad, que no suele dar posibilidad a estructuras jerárquicas, sino más bien democráticas y en red. Sería una adaptación del "mandar obedeciendo" zapatista.

-Pueden existir a escala local o a escala global, pero cada vez más se potencia lo glocal, mirando lo que pasa en el mundo, aprendiendo de otras experiencias, compartiendo ideas o recursos, analizando coyunturas y conectándose en red.

-Recupera como abundante lo que pareciera escaso. La autogestión participada asegura la sostenibilidad de los bienes, naturales o sociales, haciéndolos perdurar para las siguientes generaciones. Por ello la escasez, como parámetro capitalista base de la privatización y el lucro, pierde sentido.

wikipedia-Atraviesa por entre las categorías y paradigmas dominantes, rompe con lo establecido (de izquierdas y derechas), empodera a los individuos, pero no fomenta el individualismo, sino como parte de una colectividad en la que participa, por lo que las estructuras no ahogan.

-Frente a los grandes relatos totalizadores, los commons propagan miles de semillas por doquier, que son procesos en construcción y, por ello, históricos y con potencia emancipadora. No hay recetas fijas, y toman mucho del buen vivir andino, del decrecimiento europeo, de la ética hacker, del marxismo y del anarquismo, del liberalismo y del feminismo… Prototipos de commons en la sociedad en red. Es la política de un No y muchos Síes, como negación común de ir hacia el precipicio sistémico y como muchas respuestas alternativas, pluralidad de motivos, afirmaciones, proyectos, ideales e ideologías: "un mundo en que quepan muchos mundos".

¿Qué más se les ocurre?

Terminamos como empezamos, con una cita: esta vez una de Juan Carlos Monedero, escrita en otro contexto, pero que nos sirve:

En un mundo sin modelos, la frase de Simón Rodríguez "inventamos o erramos" sigue siendo radicalmente válida. El vivencialismo o experimentalismo es más relevante que la repetición de modelos que han demostrado su invalidez.
Habrá que remover muchos obstáculos del camino. Y luchar. Pongámonos a ello.

PD: Carla Boserman nos da una explicación en dibujos
:


entornos-procomun-Carla-Boserman





decrecimiento::::: El planeta enfermo

El planeta enfermo

Posted: 20 Apr 2013 04:09 AM PDT

Guy Debord


La «contaminación» está de moda hoy en día, exactamente de la misma manera que la revolución: se apodera de toda la vida de la sociedad, y se la representa ilusoriamente en el espectáculo. Es la palabrería fastidiosa que llena un sinfín de escritos y discursos descarriados y embaucadores, pero en los hechos agarra del cuello a todo el mundo. Se expone en todas partes como ideología y gana terreno como proceso real. Esos dos movimientos antagónicos, el estadio supremo de la producción mercantil y el proyecto de su negación total, igualmente ricos en contradicciones en sí mismos, están creciendo juntos. Son los dos lados por los que se manifiesta un mismo momento histórico largamente esperado y a menudo previsto en formas parciales e inadecuadas: la imposibilidad de que el capitalismo continúe funcionando.

La época que posee todos los medios técnicos para alterar totalmente las condiciones de vida sobre la tierra es también la época que, en virtud del mismo desarrollo técnico y científico separado, dispone de todos los medios de control y previsión matemáticamente indudable para medir por adelantado adonde lleva —y hacia qué fecha- el crecimiento automático de las fuerzas productivas alienadas de la sociedad de clases: es decir, para medir el rápido deterioro de las condiciones mismas de la supervivencia, en el sentido más general y más trivial de la palabra.

Mientras los imbéciles pasadistas siguen disertando todavía sobre (y contra) una crítica estética de todo eso, creyéndose lúcidos y modernos porque fingen adaptarse a su siglo, declarando que Sarcelles o las autopistas poseen una belleza peculiar, preferible a la incomodidad de los «pintorescos» barrios antiguos, u observando seriamente que el conjunto de la población come mejor que antes, por más que digan los nostálgicos de la buena cocina, el problema del deterioro de la totalidad del medio natural y humano ha dejado ya completamente de presentarse en el plano de la supuesta calidad antigua, estética o no, para convertirse radicalmente en el problema mismo de la posibilidad material de la existencia del mundo embarcado en tal movimiento. De hecho, la imposibilidad ha quedado ya perfectamente demostrada por todo el conocimiento científico separado, que ya no discute sino el plazo que queda y los paliativos que, de aplicarse con firmeza, podrían alargarlo un poco. Una ciencia semejante no puede hacer otra cosa que acompañar en su camino hacia la destrucción al mundo que la ha producido y a cuyo servicio está; pero ella se ve obligada a recorrer ese camino con los ojos abiertos: con lo que muestra en grado caricaturesco la inutilidad del conocimiento sin empleo.

Se está midiendo y extrapolando con excelente precisión el rápido aumento de la contaminación química de la atmósfera respirable, del agua de los ríos, los lagos y los océanos; el aumento irreversible de la radiactividad acumulada por el desarrollo pacífico de la energía nuclear; de los efectos del ruido; de la invasión del espacio por productos de materias plásticas que aspiran a una eternidad de vertedero universal; de la natalidad demencial; de la falsificación insensata de los alimentos; de la lepra urbanística que viene ocupando cada vez más el lugar de lo que fueron la ciudad y el campo, así como de las enfermedades mentales -incluidos los temores neuróticos y las alucinaciones, que no tardarán en multiplicarse a propósito de la contaminación misma, cuya imagen alarmante se exhibe en todas partes- y del suicidio, cuyas tasas de expansión coinciden ya exactamente con la de la urbanización de semejante ambiente (por no hablar de los efectos de la guerra nuclear o bacteriológica, para la cual ya están ahí los medios, cual espada de Damocles, aunque sigue siendo evidentemente evitable).





En suma, si el alcance y aun la realidad de los «terrores del año mil» son todavía materia de controversia entre los historiadores, el terror del año dos mil es tan patente como bien fundado; a partir de ahora, es una certeza científica. Y, sin embargo, lo que está pasando no es en el fondo nada nuevo: sólo es el fin forzado del proceso antiguo. Una sociedad cada vez más enferma pero cada vez más poderosa ha recreado en todas partes el mundo concretamente como entorno y decorado de su enfermedad, como planeta enfermo. Una sociedad que no ha llegado aún a hacerse homogénea y que no se determina a sí misma, sino que está determinada cada vez más por una parte de sí misma que se sitúa por encima y al margen de ella, ha desarrollado un movimiento de dominación de la naturaleza que no se ha dominado a sí mismo. El capitalismo ha aportado finalmente, por su propio movimiento, la prueba de que ya no es capaz de seguir desarrollando las fuerzas productivas, y no en un sentido cuantitativo, como muchos habían creído entender, sino cualitativo.

Y, sin embargo, para el pensamiento burgués sólo lo cuantitativo es, metodológicamente, lo serio, lo medible, lo efectivo; lo cualitativo no es más que el incierto decorado subjetivo o artístico de lo verdaderamente real tasado en su verdadero peso. Para el pensamiento dialéctico, por el contrario, y, por tanto, para la historia y para el proletariado, lo cualitativo es la dimensión más decisiva del desarrollo real. He aquí lo que el capitalismo y nosotros hemos acabado por demostrar.

Los dueños de la sociedad se ven ahora obligados a hablar de la contaminación, tanto para combatirla (pues ellos viven, a fin de cuentas, en el mismo planeta que nosotros: he aquí el único sentido en que se puede admitir que el desarrollo del capitalismo ha realizado efectivamente una cierta fusión de las clases) como para disimularla: pues la simple verdad de las «nocividades» y de los riesgos actuales es suficiente para constituir un inmenso factor de revuelta, una exigencia materialista de los explotados, tan vital como fue en el siglo XIX la lucha de los proletarios por poder comer. Tras el fracaso fundamental de todos los reformismos del pasado -que todos aspiraban a la solución definitiva del problema de las clases—, se está esbozando un nuevo reformismo, que obedece a las mismas necesidades que los anteriores: engrasar la maquinaria y abrir nuevas posibilidades de ganancia a las empresas punteras. El sector más moderno de la industria se lanza sobre los diversos paliativos de la contaminación como sobre un nuevo mercado, tanto más rentable por el hecho de que podrá usar y manejar gran parte del capital monopolizado por el Estado. Pero si ese nuevo reformismo tiene de antemano la garantía de su fracaso, por exactamente las mismas razones que los reformismos del pasado, lo separa de éstos la diferencia radical de que ya no tiene tiempo por delante.

El desarrollo de la producción ha demostrado cabalmente, a estas alturas, su verdadera naturaleza como realización de la economía política: el desarrollo de la miseria, que ha invadido y arruinado el medio mismo de la vida. La sociedad en la que los trabajadores se matan trabajando y sólo pueden contemplar el resultado, ahora los hace ver —y respirar— con toda franqueza el resultado general del trabajo alienado, que es resultado mortal. En la sociedad de la economía superdesarrollada, todo ha entrado a formar parte de la esfera de los bienes económicos, incluso el agua de las fuentes y el aire de las ciudades; lo que es decir que todo se ha convertido en el mal económico, la «negación total del hombre» que está llegando ahora a su perfecta conclusión material. El conflicto entre las fuerzas productivas modernas y las relaciones de producción, burguesas o burocráticas, de la sociedad capitalista ha entrado en su última fase. La producción de la no-vida ha seguido con cada vez mayor rapidez su proceso lineal y cumulativo; ahora ha traspasado un último umbral de su progreso y está produciendo directamente la muerte.

La función última, declarada y esencial de la economía desarrollada de hoy en día, en todo el mundo en que impera el trabajo-mercancía que asegura todo el poder a sus patronos, es la producción de empleo. Bien lejos estamos, pues, de las ideas «progresistas» del siglo pasado acerca de la posible reducción del trabajo humano gracias a la multiplicación científica y técnica de la productividad, que, según se creía, iba a asegurar con cada vez mayor facilidad la satisfacción de las necesidades hasta entonces reconocidas como reales por todo el mundo, y eso sin ninguna alteración fundamental de la calidad de los bienes disponibles. Ahora, en cambio, se trata de «crear puestos de trabajo» hasta en el campo huérfano de campesinos, es decir, de usar el trabajo humano en cuanto trabajo alienado, en cuanto trabajo asalariado: para eso se hace todo lo demás; para eso se está poniendo en peligro estólidmente las bases de la vida de la especie, actual-mente más frágiles aún que la inteligencia de un Kennedy o de un Bréznev.

El viejo océano es en sí mismo indiferente a la contaminación; pero no así la historia. La historia no se puede salvar más que por la abolición del trabajo-mercancía. Y nunca antes la conciencia histórica había tenido tan urgente necesidad de dominar su mundo, porque el enemigo que está ante las puertas ya no es la ilusión sino su muerte.

Cuando los pobres amos de la sociedad cuyo penoso resultado estamos presenciando — resultado mucho peor que cualquier condena que antaño pudiera fulminar a los más radicales utopistas- se ven ahora forzados a admitir que nuestro entorno se ha hecho social y que la gestión de todo se ha convertido en un asunto directamente político, hasta la hierba de los campos y la posibilidad de beber, de dormir sin demasiados somníferos o de lavarse sin sufrir demasiadas alergias, en un momento como éste se está viendo a las claras que también la vieja política tiene que confesar que está del todo acabada.

Está acabada en la forma suprema de su voluntarismo, el poder burocrático totalitario de los regímenes llamados socialistas, porque los burócratas que ostentan el poder no se han mostrado capaces ni siquiera de gestionar el estadio anterior de la economía capitalista. Si contaminan mucho menos (Estados Unidos produce él solo el 50% de la contaminación mundial) es porque son mucho más pobres. No pueden sino desviar, como en China, por ejemplo, una parte desproporcionada de sus míseros presupuestos para regalarse la parte de contaminación de prestigio de las potencias pobres: algunos perfeccionamientos o descubrimientos de segunda mano en el terreno de las técnicas de la guerra termonuclear, o más exactamente de su espectáculo amenazador. Tanta pobreza material y mental, sostenida por tanto terrorismo, condena a las burocracias que ostentan el poder. Al poder burgués más modernizado lo condena el resultado insoportable de tanta riqueza efectivamente envenenada. La gestión llamada democrática del capitalismo, sea en el país que sea, no ofrece más que sus elecciones-dimisiones que, como se ha visto siempre, no han cambiado nunca nada en el conjunto —y muy poca cosa en los detalles— de una sociedad de clases que se imaginaba que iba a durar indefinidamente. Tampoco van a cambiar mucho más cuando esa misma gestión pier-de la cabeza, y finge esperar de su electorado alienado e idiotizado algunas vagas directrices para resolver ciertos problemas secundarios aunque urgentes (como sucede en Estados Unidos, Italia, Inglaterra o Francia). Todos los observadores especializados han señalado siempre —aunque sin tomarse la molestia de explicarlo— el hecho de que el elector no cambia casi nunca de «opinión»: pues para eso justamente es elector, esto es, aquel que asume, por un breve instante, el papel abstracto que está destinado precisamente a impedirle que sea por sí mismo y que cambie (el mecanismo ha sido desmontado mil veces, tanto por el análisis político desengañado como por las explicaciones del psicoanálisis revolucionario). El elector tampoco cambia cuando el mundo a su alrededor está cambiando cada vez más precipitadamente; y, en cuanto elector, no cambiará ni en vísperas del fin del mundo. Todo sistema representativo es esencialmente conservador, aunque las condiciones de existencia de lasociedad capitalista no han podido conservarse nunca: se modifican sin interrupción y cada vez más deprisa, aunque la decisión —que viene a ser siempre, a fin de cuentas, la decisión de dejar hacer al proceso mismo de la producción mercantil- se deja enteramente en manos de los especialistas publicitarios, ya sea que se presenten a la carrera solos o en competición con quienes quieren hacer lo mismo y además lo declaran abiertamente. Aun así, el hombre que acaba de votar «libremente» a los gaullistas o el PCF, lo mismo que el que acaba de votar, a la fuerza y obligado, a Gomulka, es capaz de dar muestra de lo que verdaderamente es participando, la semana siguiente, en una huelga salvaje o una insurrección.

La sedicente «lucha contra la contaminación», en su vertiente estatal y reglamentaria, va a crear ante todo nuevas especializaciones, servicios ministeriales, puestos de trabajo y ascensos burocráticos. Su eficacia será exactamente la que a tales medios corresponde. No puede convertirse en voluntad real sino transformando el sistema productivo actual en sus raíces mismas, ni puede llevarse a cabo con firmeza sino en el intante en que todas las decisiones, tomadas democráticamente y con pleno conocimiento de causa por los productores, sean en todo momento controladas y ejecutadas por los productores mismos (los buques petroleros, por ejemplo, seguirán infaliblemente vertiendo el petróleo en los mares hasta que no manden en ellos unos verdaderos soviets de marineros). Para decidir y ejecutar todo eso, hace falta que los productores se hagan adultos: hace falta que se hagan con el poder entre todos.

El optimismo científico del siglo XIX se ha desmoronado en tres puntos esenciales. En primer lugar, la pretensión de garantizar la revolución como solución feliz de los conflictos existentes (la ilusión hegeliano-izquierdista y marxista; la menos compartida por la intelectualidad burguesa, pero la más rica y, después de todo, la me-nos ilusoria); segundo, la visión coherente del universo y aun sencillamente de la materia; y tercero, el sentimiento eufórico y lineal del desarrollo de las fuerzas productivas. Si llegamos a dominar el primer punto, habremos resuelto el tercero; más adelante sabremos hacer del segundo nuestro asunto y nuestro juego. No hay que curar los síntomas, sino la enfermedad misma. Hoy en día el miedo está en todas partes, y no vamos a salir de él más que confiándonos a nuestras propias fuerzas, a nuestra capacidad de destruir toda alienación existente y toda imagen del poder que se nos haya escapado, sometiéndolo todo, excepto a nosotros mismos, al único poder de los consejos de trabajadores que posean y reconstruyan a cada instante la totalidad del mundo; es decir, a la racionalidad verdadera, a una nueva legitimidad.

En materia de medio ambiente «natural» y construido, de natalidad, de biología, de producción, de «locura», etc., no habrá que elegir entre la fiesta y la desgracia sino, conscientemente y a cada paso, entre mil posibilidades felices o desastrosas, pero relativamente corregibles, y, por otro lado, la nada. Las terribles decisiones del próximo futuro sólo dejan esta alternativa: o la democracia total o la burocracia total. Quienes tengan dudas acerca de la democracia total deben hacer el esfuerzo de convencerse por sí mismos, dándole ocasión de que los convenza con los hechos; de lo contrario, sólo les queda comprarse la tumba que más les agrade, pues «lo que es la autoridad, la hemos visto en acción, y sus obras la condenan» (Joseph Déjacque).

«Revolución o muerte»: esa consigna ya no es la expresión lírica de la conciencia rebelde, sino la última palabra del pensamiento científico de nuestro siglo. Y eso vale tanto para los peligros que corre la especie como para la imposibilidad de adhesión para los individuos. El suicidio, que en esta sociedad progresa como es sabido, había descendido en Francia a casi nada durante el mes de mayo de 1968, según admitieron, con cierto pesar, los especialistas. Aquella primavera consiguió también un cielo limpio y hermoso, sin haberse lanzado precisamente a su asalto, porque se habían quemado algunos automóviles y a los otros les faltaba combustible para contaminar. Cuando llueva, cuando haya falsas nubes sobre París, no olviden nunca que es culpa del gobierno. La producción industrial alienada trae la lluvia. La revolución trae el buen tiempo.


Guy Debord, El planeta enfermo.. Traducción de Luis Andrés Bredlow. Editorial Anagrama, Barcelona. Título de la edición original: La planète malade © Editions Gallimard París, 2004. Publicado con la ayuda del Ministerio francés de Cultura-Centro Nacional del Libro. Publicado originalmente en 1971 en el número trece de la revista de la Internacional Situacionista.

jueves, 18 de abril de 2013

Mas vigente cada día....

"En la etapa avanzada de la producción en masa, una sociedad produce su propia destrucción. Se desnaturaliza la naturaleza: el hombre, desarraigado, castrado en su creatividad, queda encarcelado en su cápsula individual. La colectividad pasa a regirse por el juego combinado de una exacerbada polarización y de una extrema especialización …. Y esto ya es insoportable. Poco importa que se trate de un monopolio privado o público, la degradación de la naturaleza, la destrucción de los lazos sociales y la desintegración del hombre nunca podrán servir al pueblo."
 
(I. Illich, "La convivencialidad"; Barral Editores, S.A., Barcelona, 1974)

martes, 16 de abril de 2013

El “Crecimiento Verde”, nuevo ardid (engaño) de la banca mundial.

El "Crecimiento Verde", nuevo ardid (engaño) de la banca mundial.

Para ennegrecer las acciones "verdes", el "crecimiento verde".

El 10 de abril de 2013, la SEMARNAT organiza una Mesa de Trabajo Sectorial con el tema "Crecimiento Verde", dentro de los foros de consulta para la integración del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018; hacen presentaciones Alejandro Guevara Sanginés, de la Universidad Iberoamericana, Mireya Imaz Guispert, del PUMA de la UNAM, Ramón Ardavín Ituarte, del CESPEDES, Vanessa Perez Cirera, del WWF, Carlos Muñoz Piña del Centro Mario Molina. Demandaron el "verdecimiento" de actividades económicas tan intrínsecamente enemigas de la Naturaleza, como lo son: la extracción de petróleo y metales en gran escala, la producción de electricidad por medio de energía nuclear, carbón, gas, o grandes eólicas, el transporte en auto, avión o trenes de alta velocidad,  la industria, la agroindustria, la urbanización, entre otras. Pidieron, como es ya costumbre académica, la búsqueda de una quimera: la aparición del unicornio; exigieron la creación de una guerra pacífica, de una oscura claridad, de un tonto inteligente, y la necesidad de creer en el oxímoron político; demandaron la creación de lo imposible: hacer verde al crecimiento económico, claro, con la seguridad de que este milagro no sucederá, pero, que el esfuerzo en promoverlo servirá bastante para adormecer a la sociedad y garantizar así, más años de vida a actividades que deberían desaparecer en el menor tiempo posible, por simple supervivencia. No analizaron, desde luego, la naturaleza, origen, historial del crecimiento, para sustentar la posibilidad de hacerlo verde. No mencionaron las fuerzas, los poderes que están detrás del crecimiento y su rechazo total a cualquier intento de frenarlo.   

Olvidaron la desconexión habitual, en todo el mundo, entre las intenciones políticas y sociales verdes y los hechos y la práctica de la economía y del crecimiento; omitieron decir que el crecimiento del Producto Interno Bruto, el PIB,  es un fetiche en cuyas propiedades mágicas confían los principales académicos, políticos y financieros del mundo, a pesar de que no hay prueba alguna que confirme sus supuestos beneficios para la humanidad; ignoraron deliberadamente mencionar que en las últimas cinco décadas, el crecimiento económico se consigue a costa de la Naturaleza y de la sociedad: mientras más crecimiento económico más ecosistemas en la ruina, más miseria en el mundo;   omitieron comentar el muy avanzado desfondamiento de los ecosistemas de la Tierra, el agotamiento del Petróleo y los Metales Baratos, el fracaso de la ciencia y la tecnología en la solución de los enormes problemas que ellas mismas crean y el imperio mundial de la religión de la economía que invariablemente coloca en último lugar a las consideraciones ecológicas y sociales. Olvidaron mencionar la escandalosa desinformación en los asuntos ambientales existente en México, un factor que ayuda mucho a manipular la opinión de grandes porciones de la sociedad mexicana.

Desde luego, ignoraron que las reformas impuestas a la sociedad por el gobierno de Peña Nieto (la Laboral y la Educativa) y las que vienen (la de Telecomunicaciones, la Energética y la Fiscal) tienen por objeto hacer más de los mismo, pero, en una escala mayor: más carreteras, presas, aeropuertos, megaproyectos, industrias, urbanización; más autos, pesticidas, aviones, trailers, desarrollos turísticos; más productividad, desempleo, monopolios legales; más subsidios a las transnacionales,  acuerdos de Libre Comercio; más inversiones catastróficas, para elevar el crecimiento a cualquier precio, sin consideración alguna para la riqueza natural o social de nuestro país. No hablaron de que este nuevo gobierno tiene planes de recurrir a tecnologías de muy alto riesgo para relanzar la decadente economía mexicana, como es el caso de los transgénicos, la extracción de petróleo en aguas profundas, la extracción de gas de esquisto o shale, por medio del fracking, la construcción de nuevas centrales nucleares, entre otras;  no mencionaron que el tema verde o ambiental no tuvo relevancia alguna en los debates de las campañas electorales por la presidencia de la República en 2012. No comentaron que desde que entró en el TLC, la OMC y la OCDE, el Gobierno Mexicano no tiene otra función que aplicar dócilmente en nuestro país las órdenes y las consignas políticas de la banca mundial.

 Defendieron con vigor este nuevo estratagema político de los grandes financieros del mundo, concebido en la misma inspiración del desvanecido desarrollo sustentable- también impuesto a los gobiernos- y con el cual se ganaron más de 20 años de omisión gubernamental frente a la devastación social y ambiental. Omitieron comentar que la crisis financiera y económica que inicia en 2008 obliga a los gobiernos del mundo a endurecer la guerra contra los pobres y la Naturaleza, para volver al crecimiento.    Presentaron como innovador, un proyecto que oculta realidades muy retardatarias; buscaron una decoración, un maquillaje, para ocultar la miseria y destrucción que acarrea la sociedad de crecimiento. Buscaron un lavado de imagen para la consigna política que conduce a la rápida extinción de la especie humana. Olvidaron el hecho de que demandar un "crecimiento verde", entraña la defensa de lo indefendible: el crecimiento infinito en un planeta finito, algo imperdonable en egregios estudiosos del medio ambiente. Ignoraron el hecho de que proponer en nuestros días un Plan Nacional de Desarrollo es una clara señal de que volvemos a la doctrina básica del viejo PRI, a sus fracasados viejos axiomas políticos.

 El "crecimiento verde", es una tentativa de engaño ante el evidente fracaso mundial del crecimiento, como solución a los grandes problemas climáticos, ambientales, ecológicos, culturales, sociales, económicos y políticos; es, también, una reacción del Sistema Mundial frente a la crítica a la sociedad de crecimiento, elaborada por grandes pensadores, como: Ivan Illich, EF Shumacher, Nicholas Georgescu Roeguen, Corneluis Castoriadis, Jaques Ellul, Clive Hamilton, Serge Latouche, Paul Aries, entre otros, y las acciones de los movimientos internacionales de decroissance, degrowth, decrescita, decrecimiento, descrecimiento.  Se trata de una reacción frente a las propuestas de eliminar los índices numéricos en la conducción de los asuntos públicos, como el PIB, el IDH, el GPI, el ISS; de desintoxicar a la sociedad de sueños de progreso y desarrollo, y de ideas económicas, productivistas, consumistas, utilitaristas, impuestas por la nociva labor de la Escuela (incluyendo a la Universidad), los medios y el consumo de la cotidianidad de nuestros días; de despetrolizar nuestros modos de vida; desindustrializar y desurbanizar el territorio; desprofesionalizar y desglobalizar el mundo. Frente a la propuesta de impulsar una sociedad de descrecimiento.   

 Miguel Valencia Mulkay

ECOMUNIDADES, Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México.

 

martes, 9 de abril de 2013

decrecimiento:::: En memoria de José Luis Sampedro

En memoria de José Luis Sampedro

Posted: 09 Apr 2013 09:16 AM PDT

En memoria de José Luis Sampedro que nos dejó en el día de hoy, recordamos unas palabras suyas reflexionando sobre la crisis.

Palabras de José Luis Sampedro, en una conversación con Carlos Taibo

[Como soy más viejo puedo decirte que eso está contado por John dos Passos en 'Rocinante vuelve al camino'. Es exactamente la misma historia con unos arrieros que van con unos mulos por la provincia de Granada.] Quiero sumarme a la defensa del decrecimiento. La idea misma de desarrollo económico es una degeneración que forma parte del ciclo vital de Occidente. La degeneración de las ilusiones de la razón a partir de los siglos XV y XVI, que es cuando nace Europa. Si en el siglo XV están los humanistas —no voy a hablar ahora de ello—, el siglo XVI es el de la razón y el XVIII es el de las Luces y la Ilustración. En el XIX de lo que se habla es de progreso, palabra que tiene un sentido más material que el mundo de la Ilustración y las Luces. Pero eso del desarrollo se refiere casi exclusivamente a la economía. El progreso es un visión que apunta al perfeccionamiento general del ser humano: progreso es mucho más que crecimiento. Mientras el progreso es más conocimiento, más sensibilidad, más arte, más ciencia, el desarrollo se acaba quedando en puro desarrollo económico. ¿Por qué? Porque es lo que interesa en una civilización cuyo Dios es el dinero y que ha hecho —como decía Marx, y en eso tenía razón— de todo una mercancía. Y eso nos lleva a poner de manifiesto que efectivamente el proceso actual consiste en tratar de conseguir más y más de la productividad, todo esto que ha citado Carlos.

Aunque ahora la palabra innovación es casi más importante que la palabra desarrollo. Se habla de innovación como si fuese un gran descubrimiento que nos lo va a resolver todo. Pero no se cae en la cuenta de que la innovación tiene varios filos: hay una innovación productiva y una innovación de conocimiento —de una nueva medicina, de un nuevo material…—, pero hay otra innovación meramente comercial que consiste en cambiar la etiquetita del envase y hacer que el teléfono móvil de hoy tenga un botón más de tal forma que el de ayer quede anticuado. Lo que se trata es de halagar nuestro status social: si yo llego a la oficina con el móvil del año pasado, no soy igual a quienes llegan con el móvil de ahora, que mira que botoncito tiene, se aprieta y toca La Marsellesa. Se inventan estos trucos. Se hace en el mercado con todo, con los alimentos, se cambia el envase, se le añade una cosita, se dice "Ahora con Pitifax salen los pelos en la calva". Pero esa innovación no tiene ningún interés técnico, ningún interés productivo: sólo responde al interés de la ganancia. Y el mercado se vale de las técnicas del propio mercado, y de la psicología, y sobre todo de la sensación de identidad que permite recordar que uno pertenece al grupo de los más avanzados, que uno tiene el automóvil que tienen los demás en la oficina…

Todo eso se explota —como has dicho muy bien— para hacernos comprar lo que sea. Y todo eso conduce a un despilfarro tremendo, a una acumulación de basura. Dice mucho de nuestra civilización que la basura de Nápoles haya que mandarla en trenes a Suiza. ¡Ya está bien! Imagínate lo que es un tren cargado de basura recorriendo un país tan hermoso como Italia, pasando por Florencia, pasando por Turín, con su basura. ¡No saben ni siquiera estropear la basura! Es monstruoso. Y resulta que efectivamente nos obligan a todos estos despilfarros. Lo que acaba ocurriendo es que —vuelvo a lo mismo— esto no se corregirá por voluntad de los dirigentes, ni porque razonen ni porque caigan en la cuenta de que esto no se puede hacer. Ocurrirá porque se hará evidente que no se puede seguir así.

Por cierto, voy a hacer un paréntesis: la ayuda al desarrollo en la forma en que la entendemos hoy empieza en enero de 1949 en el discurso que pronuncia el presidente norteamericano Truman en su toma de posesión. En un punto del discurso que se hizo famoso como el punto cuarto —yo estaba ya trabajando como economista y me llamó la atención, como a todo el mundo—, Truman advirtió que se iba a desplegar un nuevo gran programa para ayudar a los países en desarrollo. ¿Qué había detrás? Detrás se hallaba Estados Unidos, que acababa de ganar la guerra, que prácticamente no tenía colonias en el mundo y que estaba pensando ya en perfilar las propias. Con el pretexto de las ayudas y de la intervención se trataba de ir preparando un mundo colonial como el que tenía Europa. Luego vino la descolonización y las cosas cambiaron, pero en origen el proyecto era claramente colonialista.

Bueno, pues bien, y con esto termino: es imposible seguir haciendo lo que hemos venido haciendo hasta ahora a costa de destrucciones irreversibles. Algunos de los últimos estudios que he leído sobre esto afirman que para dar a toda la humanidad el nivel de vida de Gran Bretaña harían falta tres planetas Tierra. Porque el planeta Tierra ya no tiene capacidad para regenerar lo que destruimos cada año. Todavía en los años ochenta o noventa se podía contar con que había una regeneración suficiente. Ahora ya no la hay, porque estamos destrozando la casa en que vivimos. Ésta es la situación, aunque no les interese verla porque siguen ganando a corto plazo. Bueno, pero no es posible continuar.

Y son necesarias dos cosas. La una —me apunto claramente— es el decrecimiento, que implica tener sentido de la medida, que es algo de lo que esta cultura nuestra carece; los griegos sí que lo tenían y contaban con una diosa contra la desmesura, Némesis. La otra es la redistribución, porque pensar que con la ayuda al desarrollo que se da ahora, muy inferior —como acabas de citar— al dinero que se entrega para sostener los bancos en Estados Unidos, se va a llevar a los pueblos pobres al nivel de los ricos es una ilusión, que no sirve más que para calmar conciencias de los ricos y para dar alguna esperanza a algunos pobres ingenuos. Es completamente ilusorio. Si no hay detención del crecimiento y redistribución no se podrá continuar.