domingo, 23 de junio de 2013

La actualidad de Karl Polanyi

La actualidad de Karl Polanyi
Joan Martínez Alier


El nombre de Karl Polanyi (1884-1964) se ha ido abriendo paso con fuerza. La última conferencia internacional sobre su obra fue en Buenos Aires, presentando un nuevo libro, Textos escogidos de Karl Polanyi, de José Luis Coraggio (UNGS/CLACSO, 2012), que muestra que las luchas en defensa de las comunidades campesinas e indígenas contra el avance del capitalismo extractivista encajan muy bien en la perspectiva de Karl Polanyi.

Él introdujo la famosa distinción entre sociedades caracterizadas por la reciprocidad, o por la redistribución, o por mercados periféricos o secundarios, o finalmente sociedades con un sistema generalizado de mercado. Esta tipología permite entender la sucesiva incorporación de la tierra al mercado, también de la madera, el agua para riego o hidroelectricidad o los diversos minerales, del trabajo humano y actualmente de los "servicios ambientales", nuevas mercancías como la captura de carbono o los derechos de aprovechamiento de viento para aerogeneradores.

A cada etapa de la historia guiada por la expropiación de medios comunes de vida para ponerlos en el mercado, desposeyendo a sus antiguos usuarios (como ocurrió con las tierras comunales en Gran Bretaña) sigue un periodo de respuesta social a veces revolucionario (como en México en 1910) pero más frecuentemente reformista.

En su libro, La gran transformación (1944), interpretaba que entrábamos en una época definitiva de retroceso del capitalismo liberal. Profesor en la Columbia University de Nueva York tras años de penalidades, habiendo emigrado de su Austria y Hungría natales en 1933, murió en 1964 en pleno triunfo en Europa de la social democracia inspirada por Keynes y por Beveridge. No adivinó el nuevo empuje que tendría el capitalismo neoliberal con Thatcher y de Reagan en parte inspirado por su conciudadano Friedrich von Hayek (1899-1992). Karl Polanyi se había formado intelectualmente en Budapest y en Viena, en el calor del debate sobre el cálculo económico en una economía socialista iniciado en 1920 por Otto Neurath (del lado socialista y proto-ecologista) contra Von Mises y Hayek.

Próximo a la actual historia ambiental, Karl Polanyi no estudió en detalle la contaminación, pero conocía bien los daños producidos a la salud y al ambiente por la revolución industrial inglesa. Su tema principal fue la introducción de instituciones para remediar la extrema pobreza de quienes se habían quedado sin acceso a tierras y al mismo tiempo no estaban todavía incorporados al mercado proletario de trabajo. La actual crisis capitalista plantea situaciones similares de las que surgen ideas como la renta universal de ciudadanía.

Una de esas instituciones llevaba el nombre de Speenhamland, una aldea inglesa que dio nombre a un sistema de subsidio a los capitalistas para que emplearan a los pobres. Polanyi defiende esas "leyes de pobres". En España, las leyes de Largo Caballero en los primeros años de la Segunda República obligando a los grandes propietarios rurales a cuotas forzosas de empleo agrario, eran algo parecido. Mejor esto que nada aunque lo más apropiado hubiera sido una radical reforma agraria. Speenhamland mostraba que el capitalismo liberal no funciona. Los pobres a veces consiguen algún alivio mientras La gran transformación hacia el sistema general de mercado avanza con altibajos. Se produce un doble movimiento de avance y retroceso.

La economía está incrustada en instituciones sociales. La ciencia económica no debía estudiar tanto la formación de precios en los mercados como los modos de vida de las sociedades humanas y de las diversas formas de intercambio. En el artículo, "Aristóteles descubre la economía", Karl Polanyi explicó la contraposición entre la verdadera "oikonomia", el estudio del aprovisionamiento material, y la crematística como arte de estudiar los precios en los mercados. Ese ataque a la crematística es compartido con entusiasmo por los actuales economistas ecológicos.

Karl Polanyi estudió como antropólogo las sociedades basadas en la reciprocidad o la redistribución o con mercados periféricos cuyos precios apenas afectan las decisiones de producción. Estaba influido por Marcel Mauss y su Essai sur le Don (1923). Años después nació en Francia el MAUSS, movimiento anti-utilitarista en las ciencias sociales vinculado después al movimiento del decrecimiento con Serge Latouche.

El exiliado español Paco Benet fue autor de un ensayo sobre economía bereber en el impactante libro Karl Polanyi Trade and Market in the Early Empires, pero ese libro no fue traducido hasta 1976. La gran transformación aguardó cuarenta años hasta su traducción española. Sus ideas llegaron en la década de 1970 a la América andina con John Murra y su concepto de "economía vertical" para designar los intercambios entre los diversos pisos ecológicos sin que hubiera mercado generalizado ni antes ni después de la conquista europea.

ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona.

www.ejolt.org/

www.eco2bcn.es /

www.ecologiapolitica.info

New book: Ecological Economics from the Ground Up, 2012

www.routledge.com/books/details/9781849713993

Mesa Redonda 27 junio 2013, 5:00PM Presente y Futuro del Empleo Asalariado.



Movimiento de Transformación Social

CORDIAL INVITACIÓN A LA MESA REDONDA
"presente y Futuro del empleo asalariado"
¿Cómo lograr el pleno empleo? ¿Que hacer ante la crisis actual del empleo? ¿Es el empleo la solución al problema del trabajo?

Jueves 27 Junio 2013, a las 17:00 horas
En el Centro de la Diversidad; Calle Colima No. 267, Colonia Roma, casi esquina con Insurgentes, Metrobús Durango, Metro Insurgentes.

Participan en la Mesa Redonda:
José Antonio Vital Galicia, de la Alianza de Trabajadores de la Salud y Empleados Públicos; Dr.en Economía Samuel Brugger Jacob y Miguel Valencia Mulkay de Descrecimiento.

Coordina la mesa: Adriana Matalonga

Esperamos contar con su asistencia. Rogamos difundir ampliamente. Favor de ser puntuales.

Transmisión en directo:

lunes, 17 de junio de 2013

Nueva crítica de la piramide-Claudio Lomnitz

Nueva crítica de la piramide-Claudio Lomnitz
 
Ivan Illich adopta la idea de que la economia es un juego suma cero, es decir que los que se enriquecen lo hacen a costa de los que se empobrecen. Esta es una idea central en el pensamiento del descrecimiento, ya que el crecimiento y la productividad se consiguen a costa de la creacion de miserables, lo que ha quedado muy claro en Mexico a partir de los anos 80, cuando se empiezan a crear supermillonarios mexicanos en la revista Forbes. En los 90, a medida que aumentan los supermillonarios aumenta la proporcion de mexicanos en la miseria y asi sigue hasta nuestros dias por episodios. Muy probablemente la aparicion o emergencia de Slim en las grandes ligas mundiales está asociada a la creacion de unos 10 a 20 millones de mexicanos en la miseria.   
 
En su libro sobre La Crisis: el despojo impune, Jean Robert advierte cómo las operaciones financieras son en el fondo un esquema Ponzi, es decir, negocios en los que ganan los primeros en entrar y pierden los que entran al ultimo. Las piramides finacieras están detrás de todas las burbujas creadas por el satánico Alan Greenspan, para forzar el crecimiento.
 
 
 

 
Miguel Valencia
ECOMUNIDADES 

jueves, 13 de junio de 2013

29 de junio, Seminario breve Qué entendemos por descrecimiento

29 de junio, Seminario breve Qué entendemos por descrecimiento

·Que sucede con la ideología del crecimiento: el crecimiento sin límite.

·El crecimiento como una elección y una excepción

·Que ocurre con la idea del progreso y del desarrollo

·Que acontece con la economía, la industrialización y la productividad

·El fin de un mundo: la crisis institucional mundial

·Hacia el desastre ambiental mundial

·Hacia el desastre social global: la violencia, las instituciones, la riqueza y la miseria

·Hacia el desquiciamiento político: la política-espectáculo; la tecnocracia

·Hacia el desfondamiento de la persona humana: la crisis de la cultura

·Hacia el desastre simbólico: la uniformización del mundo, las multitudes en pánico.

·La apuesta por el descrecimiento: sus implicaciones teóricas y prácticas

·El pensamiento en el que se sustenta el descrecimiento: Ivan Illich, Nicholas Georgescu Roeguen, Cornelius Castoriadis, Jacques Ellul, Serge Latouche, Paul Aries.

·El movimiento por el descrecimiento: degrowth, decroissance, decrescita, decrecimiento, descrecimiento; las conferencias internacionales de degrowth.

·La crítica a las falsas soluciones: los mercados de carbono, la economía verde; el crecimiento verde; la sustentabilidad; la tecnología, el crecimiento de la población.

·Las canteras del descrecimiento: el trabajo, el consumo, la tecnología.

·Líneas estratégicas de descrecimiento: La revalorización del mundo, la relocalización; la gratuidad, relación con la Madre Tierra; espontaneidad, resignficación de nuestros cuerpos, del tiempo y del territorio.

·La autonomía, la simplicidad voluntaria, las experiencias colectivas

·La construcción de una sociedad en descrecimiento sereno y equitativo.

·La pedagogía de las catástrofes; la transición hacia otra sociedad.

·El Buen Vivir el oficio de vivir y la condición humana. La sobria ebriedad del ser.

Seminario impartido por Miguel Valencia Mulkay de ECOMUNIDADES, Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México y del movimiento ¡Descrecimiento o extinción!

El seminario tendrá lugar el sábado 29 de junio de 2013, de las 9.30 de la mañana a las 2 de la tarde en el teatrito de la Universidad de Londres, localizado en Orizaba 139 esquina Guanajuato, colonia Roma, a dos cuadras de Álvaro Obregón. Entrada por el estacionamiento de la unidad.

Recuperación de gastos $ 500.00 por persona; descuento 80% a representantes de organizaciones sociales y estudiantes con credencial.

Condiciones: inscripciones hasta cubrir el cupo o el 25 de junio, al correo vammulkay@gmail.com



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Miguel Valencia
ECOMUNIDADES

lunes, 10 de junio de 2013

El PIB, indicador del capitalismo:::: decrecimiento

El PIB: un indicador económico al servicio del capitalismo

Posted: 10 Jun 2013 08:47 AM PDT

Dekrétika

El PIB es un buen indicador para el sistema capitalista, un indicador que sólo considera intercambios monetarios y que está ciego a la destrucción asociada a estos procesos. 

Crecimiento económico e incremento del PIB avanzan a la par del aumento de la extracción de los recursos naturales y la generación de  residuos, y que tratar de desacoplarlos mediante la ecoeficiencia no solamente no funciona, sino que causa el efecto rebote*; se ha visto también que las tecnologías salvadoras no sólo no han disminuido la presión sobre la naturaleza sino que ésta ha aumentado.

La trampa de los indicadores económicos

Los indicadores económicos codifican la realidad, para construir un conocimiento experto, un conocimiento teórico al que sólo tienen acceso los especialistas; las normas que rigen la vida diaria que determinan como significamos, cómo interpretamos, cómo vivimos nuestra vida, no están producidas a un nivel de igual a igual, de cara a cara, sino que parten del conocimiento experto en relación con el Estado.

Esta realidad esta descontextualizada del lugar donde vivimos, está arrancada del contexto, asociada al capital y a los aparatos administrativos del Estado. Sirven de herramienta a las clases dominantes, para imponer políticas, obligar a consensos y aplicar procedimientos en nombre de los números. El PIB es sólo uno de estos mecanismos. Un tótem para evaluar que país es desarrollado y cual está en vías de desarrollo; quienes son los ricos y quienes los pobres.

La desmaterialización de la economía

En pleno debate sobre las bases materiales de la economía mundial, irrumpió una idea: el progreso tecnológico aumentaría la eficiencia en el uso de los recursos, reduciendo la generación de residuos y la sustitución de las materias primas por otras más eficaces esta idea presagiaba una progresiva independencia del crecimiento económico respecto al consumo de energía y recursos naturales. Este proceso, que desliga crecimiento y límites, fue denominado desmaterialización de la economía.

Este mito se construye sobre una idea de la economía neoclásica: los recursos naturales y el capital, además del trabajo, son perfectamente sustituibles. Según esto una cantidad creciente de equipamientos, conocimientos y competencias podría conseguir mantener en el tiempo las capacidades de producción con cantidades significativamente menores de bienes naturales.

Lamentablemente, tal y como plantea Oscar Carpintero, la realidad no ha acompañado estos augurios optimistas y los costes ambientales de los nuevos procesos de fabricación, así como el aumento de consumo global muestran que la necesidad de considerar los límites es cada vez más perentoria.

*El efecto rebote

Aunque en algunos países industrializados se han conseguido mejorar algunos indicadores ambientales locales, sus economías, las más eficientes y avanzadas tecnológicamente, son las que gastan más materia y energía per cápita y esta evolución sigue una línea ascendente. La mejora de las condiciones ambientales en casa se ha conseguido a costa de deslocalizar las actividades más energívoras y contaminantes a terceros países que son los que se encargan de hacer el trabajo sucio.

Así, a pesar de que los países industrializados han ido disminuyendo el consumo de muchos recursos utilizados en cada unidad de producto fabricado, en términos absolutos éste se sigue incrementando, demostrando que las nuevas tecnologías no son sustitutivas sino complementarias a las tecnologías anteriores, aparte de que también dependan de flujos continuados de recursos naturales.

El efecto rebote desautoriza el supuesto papel prioritario de la ecoeficiencia (tomada en cuenta de forma aislada) en la resolución de problemas ambientales, y pone de manifiesto que, en contra de lo que se podría pensar, la eficiencia y el progreso tecnológico están estrechamente vinculados al incremento del consumo de materia y energía. Esto ocurre porque el progreso tecnológico obedece al objetivo del crecimiento de la economía, en lugar de responder a la búsqueda de la sostenibilidad y la equidad.

El fracaso de las promesas de la desmaterialización no deja otro camino que plantearse la vida de otro modo si no se quiere desembocar en un más que probable colapso. Se hace por lo tanto imprescindible una sociedad que abandone la lógica del crecimiento de modo que se consiga una reducción neta de la presión sobre los recursos naturales y los servicios ambientales, a la vez que se avance hacia condiciones de justicia social y equidad.

Oponerse al crecimiento y aprender a vivir con menos es la única opción razonable desde el punto de vista de la sostenibilidad.

Ideas extraídas de:

Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual
(Coords.)

Coautores: Fernando Cembranos, Yayo Herrero, Marta Pascual, Antonio
Hernández, Charo Morán, Nerea Ramírez, Álvaro Martínez de la Vega, Beatriz
Errea, José Carlos Puentes, María González, Águeda Férriz, María Gª Teruel.

sábado, 8 de junio de 2013

La ponencia de Jean Robert

La ponencia de Jean Robert ( fue enviada a Francia para su publicación en una revista y la he difundido internacionalmente entre interesados en descrecimiento) Ojala hubiera forma de traducirla, pues contiene muy interesantes críticas al descrecimiento. Saludos

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Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
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Avant tout débat sur la décroissance :

les deux types de croissance économique

Jean Robert

Préambule

Dois-je me définir comme un francophone établi au Mexique ou comme un mexicain doué de certaines capacités d'expression en français ? Le fait est que le 25 mai dernier, j'ai été invité, par mon ami Miguel Valencia, à une conférence préparatoire à un débat sur la décroissance. Lieu : l'université de la ville de Puebla.  

     L'essentiel de ma réflexion, à Puebla le 25 mai, portait sur une crainte au sujet du mouvement de la Décroissance que mon ami veut acclimater au Mexique. En effet, de nombreux signes indiquent qu'une certaine décroissance, sauvage, non voulue, catastrophique est à l'horizon de l'économie. Il semble inéluctable qu'il y ait, sous peu, une demande d'idéologie de la décroissance. J'espère que le mouvement de la Décroissance, dont je ne suis pas membre, mais éventuellement compagnon de route, ne jouera pas le rôle de pourvoyeur d'idéologie.

   Je dus ajouter une note critique à cet espoir. À la question "pourquoi l'économie doit-elle décroître?", les organisateurs répondirent grosso modo « parce que la croissance économique détruit la nature ». Et d'invoquer  - à juste titre - les travaux du Club de Rome et de Nicholas Georgescu-Roegen, qui démontraient, il y a quarante ans, qu'à partir d'un certain seuil déjà dépassé à cette époque, toute croissance de l'économie contribue à la destruction de la nature.  Appelons exogène ce genre de justification de la Décroissance. Ma question aux organisateurs était: n'existe-t-il pas des raisons endogènes à l'économie d'exiger la diminution de son empire sur la société? Autrement dit, indépendamment des évidents dommages à la nature, ne vivrions-nous pas mieux avec moins d'économie?  Encore dans les langes, le mouvement mexicain de la Décroissance n'en a pas encore abordé les raisons endogènes. Ma recommandation fut de les aborder sans tarder.

    Comment pourrait se manifester une « idéologisation » de la Décroissance ? Il me semble que la réponse passe par une innovation sociologique à la théorie économique : la théorie des conventions de coordination. Au-delà de tous les mythes sur l'origine de la valeur, et indépendamment des croyances personnelles de tout un chacun, la valeur attribuée à l'argent – une relation plus qu'une chose et sans valeur intrinsèque – est ce qui permet à tous les acteurs économiques, sans aucune nécessité de concertation, de comprendre ce que font les autres et de coordonner leurs propres actes aux leurs : ils veulent gagner de l'argent. Deux bons analystes des conventions de coordination sont André Orléan, qui essaye d'imaginer l'origine du fait monétaire dans la nécessité de points fixes, pris pour des faits objectifs alors qu'ils naissent de relations[] et Jean-Pierre Dupuy, pour qui la monnaie et la plupart des  « faits » économiques peuvent être décrits comme des phénomènes d'extériorisation dont le plus ancien exemple connu est le sacrifice humain qui, au prix d'une violence toujours injustifiable – la victime est innocente -  transforme la guerre de tous contre tous en une guerre de tous contre un[]. Pour Dupuy, l'économie est fondamentalement un processus sacrificiel gelé.

    Tout cela est fort intéressant, mais ce que ne disent jamais les auteurs de la théorie et qu'abordent trop timidement ses commentateurs, c'est que les conventions de coordination formalisables ne sont nécessaires que dans des sociétés composées d'étrangers ou, pire, dans lesquelles les voisins sont transformés en étrangers les uns aux autres par la prédominance de ces mêmes conventions. Dans les autres sociétés connues, les voisins se parlent et se concertent et il existe ce qu'Hannah Arendt qualifiait d'espaces d'apparence (lire « espaces de manifestation du politiquement possible »).  Les conventions de coordination se substituent à ces espaces et les rendent inutiles. Idéologiser la Décroissance serait en faire une convention de coordination qui serait progressivement acceptée sous la menace d'une catastrophe. Il s'agirait d'une décroissance purement quantitative, économétrique, alors qu'une décroissance profonde serait une libération de la pression exercée sur nos existences par des « lois économiques » que l'on peut concevoir comme des conventions de coordination.    

    Je conclus mon court exposé par une dernière recommandation :

 Actuellement, le mouvement français de la Décroissance semble être à la recherche des ses propres « précurseurs », suggérant par là que c'est l'idée de décroissance, et non celle de croissance, qui constitue une nouveauté radicale. J'espère du mouvement mexicain qu'il aura le courage de voir son antienne « dans le miroir du passé », comme le disait Ivan Illich.

    La plupart des lecteurs de cet article connaissent les antécédents immédiats du mouvement de la Décroissance : le mouvement Anti-utilitariste en Sciences Sociales (MAUSS), l'objection de croissance, l'après-développement, la critique aux grandes infrastructures de transport (que j'ai menée au Mexique avec Miguel Valencia) jusqu'aux casseurs de Pub. Selon moi, le mouvement de la Décroissance ne doit pas devenir l'«attracteur » ou le point de confluence  de tous ces mouvements divers. Je l'envisage plutôt comme une coalition de mouvements critiques. En ce qui me concerne, je suis un objecteur aux excès des transports, dans la mouvance des objecteurs de croissance. En tant que tel, je suis disposé à entrer en coalition avec la Décroissance, mais pas à l'endosser comme une étiquette.

    Silvia Perez Vitoria, qui a lu le rapport de mes réflexions de Puebla avec l'œil critique d'une éditrice,  m'offre de les reprendre et de les compléter pour le Bulletin de la Ligne d'Horizon, ce que je fais non sans enthousiasme. Que le lecteur voie cet essai comme un exercice de re-diversification de tendances, de motifs et de mouvements qui n'ont aucune raison de fusionner, .mais toutes les raisons d'entrer en coalition.     





Agnosticisme économique

    Avant tout, il faut que j'exprime mon scepticisme absolu envers ce qu'on appelle la « croissance économique », l'annonce répétée depuis plus de trente ans d'une proche reprise, les politiques de développement et de hauts salaires promises par les candidats de tous bords aux élections de tous niveaux.

    Il y a trente ans, Jacques Ellul pouvait déjà écrire :

Nous y sommes donc. Cette année 1983, la France va connaître la croissance zéro, et vraisemblablement 1984 en restera là. Ceci signifie que d'une part l'économie dans son ensemble ne va pas comporter un enrichissement global de la nation (ni PNB ni PIB), que les dépenses de la nation devraient être stabilisées et par conséquent les possibilités financières des ménages le seraient aussi. À moins que l'on ne décide de maintenir une augmentation des dépenses  globales (investissements, importations, charges sociales), ce qui voudrait dire une diminution des ressources des ménages, puisqu'il faudrait favoriser la croissance industrielle malgré tout. Et ceci en vue de favoriser une « relance » économique, c'est-à-dire reprendre le chemin de la « croissance ». Il ne faut se faire aucune illusion, si on adopte cette orientation, cela signifiera pour des années un appauvrissement individuel.  


Ellul, « l'homme qui avait presque tout prévu », selon l'expression de Jean-Luc Porquet, prévoyait l'essoufflement de la machine économique et la fin d'un rêve. Depuis 1983, on assiste effectivement à une fin « en dents de scie » du rêve économique fondé en croissance continue, le rêve des « Trente Glorieuses ».


La dissonance cognitive entre le rêve et la réalité

     Les économistes, politiciens et propagandistes se font forts

de maintenir la façade d'un ordre qui a été vidé de son contenu. Dans la nouvelle réalité qui commença de se faire jour il y a plus d'un quart de siècle, ont pris fin les trois décennies durant lesquelles il fut possible de croire que tout ira mieux demain qu'aujourd'hui, que riches et pauvres vivront mieux l'an prochain, que, comme « nous » sommes allés sur la lune, « nous » aborderons bientôt dans le pays de Cocagne où il y aura assez de tout pour satisfaire les besoins de tous. « Tous », mais pas tous en même temps ! Comme la lune, certains y arriveront avant! La croissance était l'utopie qui permettait de faire croire que tous finiront par y arriver. Exclue de la réalité, elle survit dans les discours politiques.

    Certes, il y a belle lurette que les discours électoraux n'expriment plus les convictions intimes de ceux qui les prononcent, mais ce qu'ils croient que les électeurs veulent entendre. En forçant un peu la note, on peut y voir un vestige de la croyance en la volonté générale, si l'on entend par là, plutôt que ce que tout citoyen devrait vouloir pour le bien de tous, une spéculation d'en haut sur ce que peuvent bien vouloir ceux d'en bas et une sélection, dans ce spectre de volonté générale, de ce qui est bon pour « moi ». Ce qui passe le filtre auquel est soumis « ce que veut le peuple » dans l'optique d'en haut -  « gagner plus », par exemple – est ce à quoi est réduite la «volonté générale ». Toutes choses égales par ailleurs, croient savoir les futurs élus,  les électeurs préfèrent gagner plus que gagner moins et – à salaire égal - travailler un peu moins qu'un peu plus. « Toutes choses égales par ailleurs » signifie « en excluant du débat l'essentiel »: le choix électoral ne comporte jamais d'option politique sur les heures de travail, les horaires, la distance à parcourir pour se rendre, en métro ou autrement, du dodo au boulot et retour, ni de réflexion sur la finalité du travail dans une société ou de plus en plus de travailleurs se voient signifier qu'ils sont en trop. Dans le choix entre Hollande et Sarkozy, par exemple, l'option portait surtout sur des mots, des slogans, des affiliations. Le cœur dur des options était hors débat : afin que rien ne change par ailleurs, l'opinion générale n'eut à se prononcer ni sur la finalité du travail, ni sur sa répartition inégale, ni surtout sur son changement de nature au cours des derniers trente ans.


La façade vide de l'édifice politique

    Or ce qui a changé, c'est le contexte d'où le travail tirait son sens. La façade dont les propagandistes s'efforcent d'empêcher l'écroulement, c'est un certain consensus sur la « nécessité » des grandes œuvres d'infrastructure, une certaine bonne conscience des  encore-travailleurs  dans un monde où le travail a révélé être une cause majeure de pollution, c'est la  légitimité  de plus en plus questionnable des grands investissements créateurs d'emplois et,  depuis quelques années, le « pétrole bon marché » dans une société où, en définitive, des kilomètres parcourus entre dodo et boulot aux fibres synthétiques en passant par les bits des ordinateurs, « tout est pétrole ». D'où l'aporie suivante : la pensée économique dominante n'a pas de concepts pour appréhender une société  sans croissance alors que le bon sens se refuse à envisager que tout puisse continuer comme avant, lisez : que l'économie puisse continuer de croître.


L'économie n'est pas un organisme:

à  proprement parler, elle ne peut pas croître ni décroître

    La croissance est une métaphore toxique quand elle est appliquée à l'économie. Son domaine d'origine est la culture paysanne : un chou ou un arbre croît jusqu'à ce qu'il ait atteint la taille correspondant à sa nature, puis on le mange ou il commence de dépérir et meurt. Rien de vivant –ni même rien de matériel - ne peut croître indéfiniment. Seul ce qui n'a ni chair ni racines ni ancrage dans la glèbe  peut prétendre le faire. Ou ce qui ne mène qu'une existence abstraite, mathématique, comme les fractals de Mandelbrot, ou la science économique.

    Au cours de l'histoire, l'économie a été fréquemment expliquée par une métaphore organiciste: la maisonnée – inhérente à l'origine du mot: oikonomía signifie quelque chose comme la bonne règle dans l'administration d'une maison -, la famille agrandie éventuellement jusqu'à la taille d'une nation - la Hausväterökonomie  ou économie des pères de familles des historiens allemands. Mais l'économie moderne a dépassé l'échelle de tout organisme possible, même métaphorique. Comme le reconnaissent explicitement ou implicitement tous les économistes, elle n'est plus, en dernière instance, que le domaine d'application de la loi de rareté. Les mots « rare » et « économique » sont en fait devenus pratiquement synonymes. Il en résulte qu'une croissance de l'économie n'est pas ou plus l'augmentation d'un monceau de biens ou d'un gâteau, mais une expansion du domaine  soumis à la « loi de rareté », dont aucun économiste ne niera qu'il s'agit de l'axiome fondamental de l'économie moderne. En résumé : la croissance de l'économie est l'expansion de la rareté, une rareté qui, comme l'a magistralement démontré Paul Dumouchel, n'a rien à voir avec les quantités réelles de biens disponibles. La rareté est essentiellement une relation que le même Dumouchel et son co-auteur Jean-Pierre Dupuy qualifient de mimétique. La croissance économique est ainsi, avant toute narration sur des gâteaux et des monceaux de biens, l'expansion d'un certain type de mimétisme.  Il y a plus de cinquante ans, ce mimétisme, imposé hors de son terrain d'origine par un mélange de séduction et de coercition, reçut le nom de Développement. Le Développement tire les pauvres des pays du Sud de la pauvreté pour les jeter dans la misère, ont prétendu dernièrement deux pamphlétaires virulents.


La tache aveugle de la vision économique

    L'incapacité de penser la société moderne sans croissance continue de la sphère économique, c'est-à-dire du domaine soumis à la loi de rareté, est plus fondamentale que celle de la concevoir simplement sans tas croissant de biens économiques, vision qui me semble être, est en gros, celle du mouvement de la Décroissance. Il s'agit de l'incapacité de concevoir l'économie en dehors du postulat de la rareté, autrement dit en dehors d'une certaine relation mimétique.  La folie qui s'est emparée de l'économie financière montre bien que l'expansion de la relation économique – appelons-la le nexus économique – ne correspond pas nécessairement à une supposée augmentation du gâteau économique. Dire ceci est mettre le doigt sur un danger : celui que la décroissance finisse par devenir le mot de passe d'économistes et de politiciens qui voudront réduire les quantités réelles de biens disponibles tout en promouvant l'expansion du nexus économique, c'est-à-dire la croissance de la sphère de la rareté : une croissance de la sphère économique accompagnée d'une décroissance économétrique.

    Concevoir l'économie en dehors de la rareté serait la concevoir ainsi que le faisait Aristote, comme l'ensemble des activités productives de la maisonnée, activités non soumises à la « loi » de rareté. Aujourd'hui, les anthropologues appellent subsistance le domaine des activités productives non soumises à la « loi » de rareté. L'expansion du nexus économique est donc une expansion du domaine de la rareté au détriment de la subsistance. C'est un épisode de ce qu'Ivan Illich qualifiait de « guerre impitoyable menée par l'État et le Marché » contre la subsistance des gens communs.

    L'incapacité de penser la société moderne sans croissance du nexus économique est liée sans doute à une certaine incapacité de la penser sans l'État et sans un Marché unifié qui instituent la rareté en faisant la guerre à la subsistance. Cette incapacité est liée à ce que Pierre Clastres appelait la définition négative des sociétés sans États en sans marché unifié.


« La société contre l'État »

     Il y a dix mille ans, toutes les sociétés étaient des sociétés sans État et sans marché unifié. Il y a deux siècles, la plupart des sociétés étaient encore des sociétés sans croissance notable de l'économie. Selon la vision moderne, une société sans croissance ne peut être qu' « une société déterminée négativement ». De là  l'illusion que, dans les registres de l'histoire, la décroissance serait l'innovation.  Non, dans les registres de la longue durée, l'innovation historique est évidemment la croissance. C'est elle qui introduisit la coupure épistémique radicale qui conduisit les modernes à ne plus pouvoir déterminer les sociétés antérieures que « négativement, sous les espèces du manque » et à réduire la relation fondamentale des sociétés contemporaines à un rapport quantitatif, décrétant que la rareté, c'est le manque.   

    Une incapacité parallèle est celle de concevoir l'économie paysanne en dehors des catégories de l'économie moderne. C'est pour en avoir tenté l'élucidation qu'en 1937, Alexandre Tchayanov fut exécuté par les sbires d'un capitalisme d'État abusivement appelé socialiste.  



La crise économique aux yeux d'un piéton de l'économie

    En grec, le mot krisis signifie décision, bifurcation, option. La crise économique qui s'est installée à demeure n'est pas une crise au sens étymologique parce qu'elle ne comporte pas d'option. C'est une crises sans krisis. C'est, selon Jean-Pierre Dupuy, un sacrifice sans résolution possible. C'est une destruction progressive de la nature et des patrimoines à laquelle tous finiront par perdre. Dans ses phases les plus dramatiques, elle n'est comparable ni à un tremblement de terre ni à un tsunami, même si les plus fameux mathématiciens financiers  ne se font pas faute de la qualifier à l'occasion de tsunami financier. Le « front de bataille financier » sur lequel peu gagnent et beaucoup perdent est-il alors une guerre, comme le suggère le mot « front » ?

    Dans la perspective des piétons de l'économie, la crise nous « tombe dessus » - nous est tombée, nous tombera à nouveau dessus – depuis le haut. Guerre des classes alors ? Oui et non. Oui en ce qu'elle bénéficie, sans doute provisoirement, à une infime minorité. Non en ce qu'elle opposerait deux camps et deux imaginaires distincts : si l'économie est le nouvel imaginaire dominant, le camp des perdants en est contaminé. Pour emprunter  une métaphore  à ce débat sur les transports que Miguel Valencia et moi avons tenté d'ouvrir au Mexique, le trafic urbain pourrait être décrit comme une guerre menée par les automobilistes contre les piétons, n'était que bien des piétons n'attendent que de pouvoir se transformer en automobilistes.

« Le songe de la raison engendre des monstres »

    Ni catastrophe naturelle, ni véritable guerre, la crise larvée dans laquelle s'est enlisée l'économie se situe sur ce qu'Ivan Illich appelait un troisième front dont l'origine n'est ni la nature ni la violence ouverte des autres mais l'imagination collective. Quand l'imaginaire populaire se laisse contaminer par un simulacre de volonté générale manipulé par les économistes et les politiciens, tout se passe comme lorsque les piétons font des rêves motorisés : s'installe alors une fausse paix sociale sans concertation, annonciatrice de catastrophes car l'échappatoire de la croissance est en fait une fuite en avant. C'est déjà ce troisième front, ni accident naturel ni guerre à proprement parler, qu'évoquait Goya lorsqu'il écrivit, sous l'une des gravures de la série de Los Caprichos : « Le rêve de la raison engendre des monstres ».   

Depuis toujours l'homme est cause de la plupart des souffrances. Les annales de cette persécution de l'homme par l'homme ont été tenues et transmises. L'histoire n'est qu'une longue chronique de l'esclavage et de l'exploitation, léguée à la postérité par les chants épiques des vainqueurs et par les élégies des victimes. Au cœur du récit, on trouve toujours la guerre et son cortège d'atrocités : le pillage, la famine et la peste. Naguère encore, c'était aux luttes opposant les nations ou les classes qu'étaient imputables ces maux infligés à l'homme par l'homme. Aujourd'hui, et les statistiques en témoignent, les conséquences des entreprises « pacifiques » sont aussi destructrices, dans les domaines physique, social et psychologique, que les guerres.


Aujourd'hui, il faut distinguer les dévastations provoquées par les effets d'«entreprises pacifiques » des dommages causés par la violence de la nature ou par la guerre, l'esclavage, le pillage ou l'avarice de gens qui peuvent être voisins.

Mais alors même qu'il lui faut se garder sur deux fronts, contre la nature et contre son voisin, il existe un troisième front d'où sa propre humanité le menace. L'homme doit survivre à son rêve malsain, celui auquel, dans toutes les cultures antérieures à la nôtre, les mythes ont donné forme et limites. L'homme n'a pu se réaliser que dans une société dont les mythes bornaient les cauchemars. Le mythe a toujours eu la fonction de rassurer l'homme sur ce troisième front, pourvu qu'il ne franchisse pas les limites sacrées. Le péril de succomber à ce vertige n'existait que pour le petit nombre de ceux qui tentaient de duper les dieux. Le commun des mortels mourait d'une infirmité ou de violence. Seul celui qui transgressait la condition humaine devenait la proie de Némésis pour avoir porté ombrage aux dieux.  


    Le mythe maintenait la proportionnalité entre l'individu et sa communauté et entre celle-ci et la nature. Le désastre provoqué par les émules de Prométhée, qui voulait égaler les dieux, est aujourd'hui le monstre engendré par un rêve de la raison : mirage de pouvoir et de savoir sans limites, richesse désincrustée de tout contrôle social, songe d'ubiquité manifeste dans l'illusion de pouvoir arranger les choses à l'autre bout du monde.  Les mythes contenaient dans les deux sens du terme les folies de l'imaginaire : ils narraient l'histoire de héros et de fous qui jouaient à être des dieux, et, en même temps, empêchaient que leur exemple ne corrompe l'ensemble de la société. En contenant la disproportion, les mythes lui assignaient ainsi un lieu extérieur à la société où étaient mises en scène ses conséquences catastrophiques.

    Or voici longtemps déjà que le mythe ne tient plus en échec l'hybris, le manque d'humilité, l'orgueil hautain, l'insolence, l'envie humaine des dieux. Dans le mythe, Némésis, la vengeance des dieux contre qui les enviait, punit Prométhée, qui par ruse s'était introduit chez eux pour leur voler le feu. Les hommes soumettront désormais leurs actes aux jugements de l'éthique. Dans ses débuts aristotéliciens, l'économie fut éthique, soumise aux  règles de la satiété et des justes proportions. Incontrôlable par le mythe depuis l'époque classique, elle fut explicitement soumise à la règle de satiété, à la juste proportion,  à la moralité. Pour qui veut comprendre comment l'économie moderne s'est émancipée de la moralité et est devenue le rêve de la raison, l'auteur à suivre est Louis Dumont.  

À vrai dire, parler d'une émancipation est ici trop simple : c'est tout à la fois excessif et insuffisant, car dans ce cas la relation est plus subtile. Il y a bien émancipation par rapport au cours général et commun de la moralité, mais elle s'accompagne de la notion que l'action économique est par elle-même orientée au bien, qu'elle a un caractère moral qui lui est spécial ; c'est en vertu de ce caractère spécial qu'il lui est permis d'échapper à la forme générale du jugement moral.


    Ce qui permit le passage d'une économie morale à une économie en marge de la morale ou plutôt érigée en une sorte de morale propre est ce qu'Élie Halévy appelait la doctrine de l'harmonie naturelle des intérêts.

Ce n'est pas de la bienveillance du boucher, du brasseur ou du boulanger que nous attendons notre dîner, mais de leur souci de leur intérêt propre ».


Il en résulterait que l'économie est la seule activité où il n'y aurait besoin que d'égoïsme. C'est cette propension naturelle d'harmoniser les intérêts égoïstes et de les orienter au bien de l'homme prêtée à l'économie qu'Adam Smith qualifiait de « main invisible ».

La Main invisible d'Adam Smith remplit ici une fonction qu'on a peu remarquée. C'est comme si Dieu nous disait : « N'aie pas peur, mon enfant d'enfreindre apparemment mes commandements ici. J'ai ainsi arrangé toutes choses que tu es justifié de négliger la moralité dans ce cas particulier ».


    Que je sache, aucun économiste moderne n'a jamais contesté explicitement le monstre de la raison qu'est la doctrine de l'orientation naturelle au bien des intérêts égoïstes. Ce silence est complice du divorce entre éthique et économie et du projet dément de construire une société d'étrangers, sans concertation, sans espaces d'apparence, où la coordination des actes des « agents économiques » obéit à des conventions qui s'imposent comme si elles étaient des lois naturelles. La véritable croissance économique n'est pas la simple croissance économétrique. C'est la croissance de cette sphère ou le bien est le mal, comme disait Keynes, où les vices privés passent pour des bénéfices publics et où l'État et le Marché mènent une guerre sans trêve contre la subsistance.




jueves, 6 de junio de 2013

decrecimiento... ¿una teoría borrosa y mal definida?


decrecimiento


¿Es el decrecimiento una teoría borrosa y mal definida?

Posted: 05 Jun 2013 08:28 AM PDT

Dekrétika

Intento dar luz a un planteamiento expresado por Henri Houben en el artículo ¿Alto al decrecimiento?

1. Una teoría borrosa, mal definida, con expectativas contradictorias.

Es muy cierto que el decrecimiento no tiene teoría clara, única y bien definida. Personalmente, creo que es más bien una cualidad, que la mejora colectiva de un proyecto, que acepta todas las buenas ideas, sea un buen camino a seguir.

El decrecimiento también reconoce que este no es un proyecto acabado, llave en mano, porque se pretende construir primero una matriz, un crisol en el que las diferentes alternativas pueden ser diseñadas y probadas.

Empecemos por la palabra "decrecimiento":

La propia palabra es una propuesta, una palabra-bomba, una consigna, un eslogan publicitario; Una "ocurrencia publicitaria provocadora" como la definió Jose Manuel Naredo.

Una palabra defensiva que está en contra de lo obvio que queremos pulverizar: la necesidad de crecimiento económico continuo. Requiere la descolonización de nuestra cultura basada en crecimiento. El decrecimiento representa una ruptura radical de una serie de creencias y valores predominantes en la sociedad actual, en particular con la ideología del Progreso y la búsqueda del crecimiento económico y material como camino único al bienestar.

Una "palabra sucia" que molesta, que genera una reacción y que da inicio a un debate sobre el dogma del crecimiento.

Una palabra que no puede ser reciclada por aquellos que buscan prolongar el modelo de sociedad que ya no queremos (contrariamente a "desarrollo sostenible"). Recordemos la campaña publicidad de Acciona titulada "pioneros en desarrollo y sostenibilidad". No queremos un capitalismo verde con su gasolina eco y sus yogures con biobífidus.

Es también el decrecimiento una herramienta política, con capacidad para armonizar diferentes luchas, donde puede ser insertado como hilo conductor.

El decrecimiento necesita ser una idea simbiótica; necesita unirse a otras narraciones, discursos e ideas; un mosaico de tramas y urdimbres que se entrelazan:

Con el discurso ecologista que defiende la conservación de la naturaleza y su relación con el ser humano, visibilizando el desarrollo económico como una depredación de los recursos naturales y contaminación del planeta.; con la narración feminista y la deuda de la sociedad para con las mujeres; la huella civilizatoria invisibilizada, y la dominación patriarcal; con el anarquismo, movimiento libertario del que valoramos las relaciones horizontales, cara a cara, de igual a igual, sin jerarquías, redescubiertas en el movimiento 15-M; con el socialismo, reivindicando el problema de la acumulación a través de la plusvalía por el capital, detentado por las élites con sus empresas multinacionales, consorcios financieros y emporios mediáticos; el problema de la distribución de la riqueza; la deuda con los habitantes de los países empobrecidos; con el buen vivir, el movimiento pacifista, la soberanía alimentaria, los movimiento en transición y un largo etcétera...

Sirva esta reflexión para aclarar conceptos, y explicar ideas que pueden no quedar diáfanas cuando intentamos transmitirlas

Si se quiere una definición de decrecimiento, podríamos ofrecer la dada por Vicente Honorant:

Es una gestión individual y colectiva basada en la reducción del consumo total de energía, materias primas y espacios naturales.
Aunque siempre nos sabrá a poco.




martes, 4 de junio de 2013

¿Alto al decrecimiento?

¿Alto al decrecimiento?

Posted: 04 Jun 2013 08:59 AM PDT

Henri Houben

Traducción : Asociación Cultural Jaime Lago


El concepto de decrecimiento está en el debate - necesario, incluso desde el punto de vista teórico - de la teología del "producir siempre más" que guía a las elites económicas y políticas. En este artículo encontraremos una lectura crítica enfrentándolo con el análisis que realizan los marxistas: otro punto de vista. El debate de ideas sólo puede enriquecerse.

Resumen


  1. Una teoría borrosa, mal definida, con expectativas contradictorias
  2. Se pasa fácilmente de una posición crítica a la diametralmente opuesta
  3. Un diagnóstico erróneo de los contenidos de crecimiento y PIB
  4. El crecimiento no está en el centro de los objetivos capitalistas
  5. La crítica ya no se centra en las relaciones sociales, si no técnicas
  6. ¿Una lucha contra los modelos "productivistas"?
  7. ¿Un retorno a la producción a pequeña escala?
  8. Conclusiones


El decrecimiento es una teoría nueva, o más bien de reciente popularidad entre los intelectuales, para hacer frente a los desafíos que enfrenta la humanidad en la actualidad. Por lo general, se refiere al primer estudio real que denunció el obcecamiento de las empresas a desarrollarse en términos económicos, es decir, el informe de Roma en 1972: ¡Alto al crecimiento! A partir de ahí, una serie de autores como Serge Latouche y otros, recogen esta idea central y critican los modelos de producción y consumo en marcha en todos los países del planeta prácticamente.

El debate se centra en la cuestión del crecimiento: ¿es necesario o no? Unos, la gran mayoría de gobiernos, repiten machaconamente que sin el crecimiento no se puede crear riqueza suficiente para satisfacer tanto las necesidades de las poblaciones en constante cambio como asegurar el empleo. Otros creen que es una ilusión y lleva al mundo a la ruina.

Si nos detenemos a este nivel, tendríamos que dar la razón a los "objetores del crecimiento": el crecimiento no garantiza el empleo, el reparto de la riqueza y el suministro de bienes y servicios necesarios para todos, y de manera similar, se basa en un esquema social muy cuestionable en que se privilegia el consumismo. Pero si el modo actual de producción y consumo es altamente cuestionable, nuestra pregunta es si, en definitiva, es apropiada la forma en que plantean los problemas quienes apoyan el "decrecimiento". Es el objeto de nuestro desacuerdo que se abordará en siete preguntas [1].


  1. Una teoría borrosa, mal definida, con expectativas contradictorias

Una de las principales controversias sobre las teorías del decrecimiento es que son promovidas por diversos autores que vienen de diversos orígenes, con diferentes perspectivas. Por lo tanto, no hay un cuerpo coherente en la teoría del "decrecimiento". A veces hay opiniones divergentes dentro del mismo movimiento. Obviamente, se dirá, sucede lo mismo con los marxistas, los keynesianos, los liberales... excepto que aquí sí tenemos una referencia, susceptible de interpretaciones más o menos única: Karl Marx (y Engels), John Maynard Keynes, Adam Smith y David Ricardo. No existe una referencia semejante en el decrecimiento.

Reginald Savage [2], que actualmente lleva a cabo un estudio sobre esta teoría y las perspectivas que ofrece, dice que hay tres corrientes diferentes, con puntos de vista y soluciones algo diferentes: la primera piensa que se debería "volver" en cierto modo a las situaciones económicas menos complejas y modelos de desarrollo menos avanzados; la segunda, con la que identifica a Tim Jackson [ 3 ], es más bien tecnocrática: necesitamos soluciones técnicas para evitar el colapso del planeta y la tercera es la tendencia más bien neomarxista: hace hincapié en la necesidad de un cambio radical en la sociedad.

Obviamente nuestra actitud se adapta totalmente a esta corriente. No compartimos la orientación de las dos primeras aproximaciones. Queremos discutir con la tercera, para tener la mejor posición posible y para saber sobre qué temas hay acuerdo, sobre cuales existe una convergencia y en los que hay realmente una opinión diferente.

Sin embargo, la diversidad genera dos problemas. El primero es que no siempre es fácil conocer las propuestas concretas y detalladas del "decrecimiento". Hay, en este aspecto, una falta de claridad en la que algunos autores parecen bañarse o incluso prosperar. La segunda dificultad es que siempre es posible - y, en mi opinión, los "decrecentistas" a veces abusan – de evitar los desafíos potenciales, diciendo: "Oh, no es eso lo que yo quería o yo defiendo" o, "pero el decrecimiento no es eso."

Es lo que ha llevado a Jean-Marie Harribey, economista francés, ex presidente de Attac Francia y miembro de su Consejo Asesor Científico,  a ser muy cauteloso sobre este movimiento. Jean-Marie Harribey, sin embargo, hizo su tesis doctoral sobre el tema. Pero acabó preguntándose qué se debe disminuir a ojos de los "decrecientistas": el PIB , la producción, el consumo, el progreso tecnológico, la huella ecológica ... Sin llegar a obtener una respuesta unificada del movimiento. Esto es preocupante. Al mismo tiempo, para el movimiento del decrecimiento, sin duda supone un reto e hipoteca el futuro si se corrige este punto.

Se puede comparar con otras corrientes. Todos los marxistas dirán, por ejemplo, que su solución es colectivizar los medios de producción, es decir, las grandes empresas, y gestionar las necesidades básicas mediante la planificación. Todos los keynesianos promoverán la intervención activa del Estado para regular el mercado y evitar se deje llevar y cree burbujas. Todos los liberales confían en un mercado básicamente auto-regulado, aunque algunos quieren eliminar totalmente el Estado (los liberales) y otros aceptan una intervención en mayor o menor medida del estado.

¿Pero qué quieren los "decrecentistas"?






  2. Se pasa fácilmente de la crítica a una posición a la posición diametralmente opuesta

Una segunda crítica se refiere a los argumentos de los objetores del decrecimiento. A menudo critican una posición para justificar inmediatamente la opuesta. Significa reducir la realidad a dos posibilidades: o apoyas algo, o su contrario. La posición intermedia está prácticamente prohibida. Esto se hace evidente en la cuestión del crecimiento. Se critica, por lo tanto se es favorable al decrecimiento. El hecho de criticar la idea del crecimiento - que es, creo, más que legítimo - no justifica comprometerse a adherirse al decrecimiento.

Así, en el texto de J. Alexis Passadakis y Matthias Schmelzer, dos miembros de Attac en favor de la tesis del decrecimiento, encontramos estos giros bruscos. En la Sección 2, "la naturaleza tiene sus limitaciones y fortalezas", se condensa lo que describo. El punto central es el siguiente: "Un crecimiento ilimitado en un planeta finito es imposible." Está bien, pero si queremos un análisis más detallado, debemos preguntarnos si es posible un crecimiento (y otra vez, debemos estar de acuerdo en esta palabra) limitado. ¿Por qué se elimina esta última opción, como si no hubiera alternativa entre el crecimiento ilimitado y el decrecimiento?

Alexis J. Passadakis y Matthias Schmelzer [ 4 ] parten del ejemplo de las abejas para concluir que cuando se acaban los recursos aparecen los problemas. Y de la misma manera que se reproducen las abejas, lo hacen los animales, las plantas, incluso los recursos naturales. Por eso utilizan términos tales como "crecimiento ilimitado", "explotación" para decir que exigir y justificar el decrecimiento. Pero, lo que habría que tener en cuenta son las condiciones de reproducción, de crecimiento, de explotación y qué es necesario  para garantizarlas. Precisamente elementos que no discuten. O cambiamos todo, o vamos directos al precipicio: ese no es un análisis detallado de qué está mal y qué debemos cambiar relamente.

La evolución planetaria y humana también demuestra que todo se mueve todo el tiempo. El principal combustible utilizado antes era la madera. Luego el carbón. Desde 1945, el petróleo fue cada vez más importante. Ahora hablamos de gas, de energía nuclear (a pesar de los graves problemas sin resolver en la actualidad, como muestra el desastre de Fukushima). Hay planes para regresar a la hidráulica, la eólica o el desarrollo de células fotovoltaicas. Este ejemplo de un tema crítico de nuestro desarrollo, la energía, no prueba el carácter ilimitado de los recursos naturales y por tanto la posibilidad de un desarrollo sin fin. Pero es menos limitada que la defendida por el "decrecimiento" (o el de algunos "decrecientistas"). Porque el conocimiento científico evoluciona y resuelve viejos problemas (aunque crea otros como muestra la energía nuclear).

El punto 6 del artículo está en la misma línea. Argumenta que el crecimiento no proporciona mejores condiciones de vida, de empleo, etc. Es totalmente cierto en el contexto capitalista, ya que el objetivo de la empresa es el beneficio, no el empleo o la satisfacción de las personas. Pero ¿es una justificación para el decrecimiento o incluso un argumento a su favor?

Haciéndose eco de las palabras lanzadas por Serge Latouche, el texto prosigue de nuevo: "Se trata de descolonizar la imaginación, desmitificar conceptos fetiches como el crecimiento económico, el progreso, el trabajo asalariado, la eficiencia y el PIB". Una vez más, no hay problema con la desmitificación. Pero no pasamos de la crítica a un concepto básico para justificar la defensa de su contrario.


  3. Un diagnóstico erróneo de los contenidos del crecimiento y del PIB

La confusión llega a su apogeo cuando asociamos el crecimiento, el PIB y el agotamiento de los recursos naturales. Por tanto, debemos volver a lo más básico de la economía.

En primer lugar, hay que distinguir entre flujo y stock. Un stock es el conjunto de activos en un momento dado (por ejemplo, a 31 de diciembre de 2010) que tenemos (activo) o que debemos (pasivo). Un flujo se compone de las entradas (o salidas) de activos entre dos períodos de tiempo (por ejemplo, entre el 31 de diciembre de 2009 y el 31 de diciembre de 2010). Es obvio que el stock se "llena" o se "vacía" y en función de los flujos. Llegados a este punto, cabe destacar que los recursos naturales son un stock y el PIB un flujo.

Además, en el capitalismo sólo cuentan las relaciones de mercado, es decir, las que son objeto de una compra o una venta de algo. Incluso en la administración o el sector sin ánimo de lucro, lo que se contabiliza es el pago de los salarios. Pero esta contabilización, especialmente en el PIB, se basa exclusivamente en la actividad humana. En otras palabras, el PIB refleja la valorización monetaria del trabajo humano.

¿Y los recursos naturales? No tienen ningún valor de mercado. No están contabilizados en la sociedad capitalista. Sin duda es algo absurdo, pero es así. Lo que interesa a los capitalistas, son las oportunidades de obtener ganancias. Y sólo lo permiten las actividades de mercado. Es la tendencia de la sociedad capitalista.

Podemos y debemos criticarlo. Pero ese no es el punto de vista de los "decrecientistas". Asocian el uso de los recursos naturales al PIB. Y de nuevo, en el texto de Alexis J. Passadakis y Matthias Schmelzer, por ejemplo, se utiliza el método consistente en pasar directamente desde una posición crítica a afirmar la posición diametralmente opuesta. En efecto, sostienen que es imposible la desvinculación absoluta (Sección 3). De hecho, no se puede producir sin usar los recursos naturales. Pero, ¿qué conclusión extraen? El vínculo necesario entre el PIB y los recursos naturales y por lo tanto la necesidad de reducir el PIB.

Varios estudios han establecido una relación directa entre el crecimiento del PIB y la emisión de CO2 a la atmósfera [ 5 ]. Así que si se desea reducir lo segundo hay que reducir lo primero. En la situación actual, a corto plazo, es cierto. Esto es cierto en las condiciones del capitalismo actual. Pero no lo es necesariamente en términos absolutos.

En efecto, consideremos el ejemplo de Francia. Las estimaciones de emisiones de gases de efecto invernadero muestran que provienen en un 26% del transporte, de la industria el 22%, el 19% de la agricultura, el 13% de la producción energética y el 3 % del tratamiento de los residuos. Además, el transporte y la calefacción residencial son los sectores de más rápido crecimiento en los últimos años. Lo mismo ocurre en muchos países desarrollados.

Pero lo que depende directamente del PIB, es la industria y la agricultura. Puede haber otras formas de uso del transporte o que no tengan necesariamente un efecto negativo en el PIB. Por ejemplo, fomentar el transporte eficiente (colectivo) y la mejora de las estructuras de aislamiento de las casas.

En segundo lugar, puede haber otras maneras de producir que las del capitalismo contemporáneo. En las condiciones actuales, se utiliza la menor cantidad de mano de obra posible y la mayor de recursos (en relación con el empleo). Lo que agota toda la cadena: a los hombres porque tienen que trabajar duro para mantener la velocidad requerida por los empresarios, y la naturaleza, ya que debe suministrar bienes a una velocidad cada vez mayor. Pero estas son condiciones del capitalismo, no de la producción técnica.

Si se cambiaran las condiciones técnicas para producir de otro modo una serie de productos, podría existir otro efecto económico. Si, como sugieren algunos, se sustituye la producción agrícola actual en masa, altamente mecanizada, por una más biológica, utilizaría más mano de obra, más trabajo humano. Lo que en vez de disminuir el PIB lo aumentaría.

En resumen, se carece de un indicador de stock,  incluso en el capitalismo más "salvaje". Dicho indicador podría mostrar el agotamiento de los recursos. No el PIB. Que los indicadores sean imperfectos, tiene sentido. Ningún indicador puede ser la medida de todo. Por tanto, en general se necesitan una serie de estadísticas para mostrar una realidad global.

Por otra parte, no se deben crear ilusiones sobre estos cambios o  estas propuestas de indicadores. No se puede cambiar una sociedad con ellos. A lo sumo, puede dar argumentos para transformarla. El indicador debe estar en relación con la sociedad en que vivimos. Y, desde este punto de vista, el PIB es generalmente el que mejor muestra cómo se crea la riqueza en un contexto capitalista, ya que se centra principalmente en las mercancías. Implícitamente, es lo que se le dice a las personas: producir bienes y os enriqueceréis, si cultiváis para vosotros mismos los productos (tomates, zanahorias, ensaladas, etc.), seréis pobres. Es, sin duda, algo absurdo y tonto. Pero son los principios en que se basa la sociedad occidental. De ahí el PIB como medidor de la riqueza capitalista.


  4. El crecimiento no está en el centro de los objetivos capitalistas

Una cuestión fundamental frente a las tesis sobre el decrecimiento es ¿por qué atacar el crecimiento? Nadie fija objetivos de crecimiento. Es verdad, en las constituciones de algunos estados, está escrito que la política económica de los gobiernos deberían tener por objetivo el crecimiento. La Estrategia de Lisboa (ahora Europa 2020), política central de los organismos europeos, se ha modificado con el lema "El crecimiento y el empleo".

Pero las autoridades comunitarias no tienen metas numéricas. No dicen: fijamos una meta del 3% de crecimiento anual. La Comisión hace cálculos para predecir cuál será el crecimiento del PIB. Pero eso no cambia los objetivos, ya sea del 2, el 3 o el 4%. El único país que tiene una visión con perspectivas algo cuantificadas es China que debe tener un crecimiento de al menos un 6% anual, para permitir la transferencia de 200 millones de campesinos a las ciudades en una generación. No discutiremos aquí si este estado es capitalista o no. En todo caso, el objetivo no lo es. Además, es un mínimo. El crecimiento puede ser del 7, 8, 9 o 10%. Al respecto, no hay objetivos claros y específicos.

Sin embargo, aunque los países y los gobiernos no establecen objetivos cuantitativos para la economía nacional, las empresas privadas (y públicas, al menos aquellas que se gestionan como si fuesen privadas) sí los establecen. Pueden ser: el aumento de la producción (de 3 a 5 millones de automóviles, por ejemplo), un aumento de la cuota de mercado (pasar del 9 al 12%) o de la rentabilidad (pasar a una tasa de ganancia sobre inversión del 12% al 15%). La prensa económica está llena de esos objetivos. Este es el mecanismo que impulsa al crecimiento generalizado. Así que afirmar ir contra el crecimiento, sin tocar a esta capacidad de decisión considerada como algo sagrado por casi todo el personal político susceptible de tener un peso en los países capitalistas es un disparate total.


Parecería más lógico poner el acento más que en el crecimiento, en el motor real del capitalismo, es decir, en la rentabilidad y la competitividad. Hay un desplazamiento adverso en el análisis que no puede ser inocente, porque justifica los puntos siguientes (5, 6 y 7), igualmente criticables y cuestionables.


  5. La crítica ya no se centra en las relaciones sociales, si no en las técnicas

Al denunciar el crecimiento, se pone de relieve una crítica técnica: se produce demasiado y se pone en peligro el equilibrio del planeta. Al final, todos estamos en el mismo barco y estamos cavando un agujero en el casco, mientras navegamos en el mar (en medio de una tormenta). Con el tiempo todo el mundo, independientemente de su condición social, patrimonio o ingresos se ve afectado, por lo que debería ayudar a resolver los problemas. En pocas palabras: "¡Todos juntos!"

Es verdad que hay visiones del decrecimiento que son más "sociales" y menos "técnicas". Que no se han reflejado en la exposición más arriba. Al menos es lo que piensan sus partidarios. Sin embargo, fundamentalmente, estos enfoques más matizados, menos "interclasistas" mantienen una base y un punto de partida principalmente técnico.

Nuevamente hay un error de análisis no carente de consecuencias en las alternativas que se promueven. Error en primer lugar porque la realidad muestra una gran diferencia entre las élites que deciden, escogen, dirigen y en última instancia tienen la mayor responsabilidad del sistema de producción y consumo en el que vivimos y el resto de la población. Son los líderes que se enriquecen, que acumulan, que consumen desproporcionadamente... La otra gran mayoría, incluso aunque quisiera, no podrían hacerlo mucho (al menos a nivel individual) y lo que hiciesen sería insignificante en comparación con los problemas ecológicos globales.

Un segundo problema en éste enfoque "técnico" es que asume que es posible (en algunos casos, en algunas corrientes, deseable) convencer a los miembros de esta élite para llevar a cabo una iniciativa respecto al clima y por qué no, que asuman la idea del decremiento. Sin duda, esta se hace de una manera indirecta y edulcorada. Esta es una completa ilusión.


Sólo seremos capaces de resolver algunos de los problemas ecológicos actuales cuando eliminemos los elementos claves que asfixian tanto a los hombres como al planeta. Y esto sólo será posible si la elite no dirige de los países o las grandes empresas y no se coloca otra élite en su lugar. Por lo tanto, es ante todo un problema social, e incluso de clase social (noción que, desgraciadamente, desaparece en la tesis del decrecimiento).

Necesitamos que las decisiones en las cuestiones importantes – que comienzan en la economía, ya que determinan la producción y el consumo de una sociedad - sean tomadas por el conjunto de la comunidad. Por lo tanto, la propiedad de las grandes empresas debe ser retirada del sector privado y de una eventual élite. Se debe atribuir a la colectividad. Pero si no se cumple esta condición, no habrá ningún progreso duradero. Nos quedaremos en una lógica capitalista privada de hacer beneficios y de competitividad. Se producirá más y más y los empleados y la naturaleza sufrirán las consecuencias. Con efectos globales desastrosos, incluso en materia de medio ambiente: desiertos que se multiplican y se extienden en partes del Tercer Mundo, Bangladesh e Islas Mauricio amenazadas por el aumento del nivel del mar (mientras Flandes y los Países Bajos tienen los medios para protegerse)...

  6. ¿Una lucha en contra de los modelos "productivistas"?

En términos de alternativa, las tesis del decremiento pone en pie de igualdad y critican con la misma violencia al capitalismo  y al socialismo. Para ellos, son modelos fundamentalmente productivistas, por lo tanto, los rechazan por igual. Una vez más, hay variaciones entre los decrecientistas entre las versiones más tecnicistas y versiones marxistas.

Sin embargo, poner en pie de igualdad el capitalismo y el socialismo es un dogma de fé que no se basa en un análisis científico de las lógicas que llevan a cabo. El capitalismo no puede resolver los problemas ambientales de una manera estructural, ya que se basa en el afán de lucro. En este sentido, el socialismo no debería sufrir la misma crítica. No hay ninguna razón para construir un socialismo necesariamente productivista. En ninguno de los escritos fundamentales de Marx y Engels (y de muchos otros), existe un motor semejante al beneficio para iniciar una espiral de agotamiento del planeta.

Recojamos por un momento los análisis de Marx y Engels, que son generalmente para los partidarios del socialismo una fuente poco cuestionada. Marx proclama como alternativa una sociedad de abundancia, lo que podría sugerir el deseo de producir toneladas de productos para satisfacer a todo el mundo. Esta es la definición del comunismo: "a cada cual según su capacidad, de cada quien según sus necesidades" [6]. Estamos en 1875. En ese momento, las preguntas sobre los límites del planeta no se plantean, ya que estos límites todavía no se conocen. No han sido conquistadas todas las regiones del mundo por los colonizadores. No están agotadas todas las posibilidades y, sobretodo, no se ve el final.

Frente a la miseria que existe entre los obreros ingleses (y antes alemanes, belgas y franceses), Marx concibe una sociedad en la que las fuerzas del capitalismo, que potencialmente pueden eliminar el hambre y otras lacras, sean dirigidas por la colectividad y puestas a su servicio. Cuando vislumbra lo que podría ser una sociedad comunista, agrega que permitiría a todos a ir a pescar y relajarse (en este caso, la pesca no tiene un carácter productivo). Es la antítesis de una sociedad productivista.

Mejor aún, Engels, en un pequeño texto sobre el papel del trabajo en el desarrollo del ser humano, escribe un análisis muy consciente de los problemas de los recursos naturales (1876): " Resumiendo: lo único que pueden hacer los animales es utilizar la naturaleza exterior y modificarla por el mero hecho de su presencia en ella. El hombre, en cambio, modifica la naturaleza y la obliga así a servirle, la domina. (...) Sin embargo, no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son las previstas por nosotros, pero en segundo y en tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras. Los hombres que en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones talaban los bosques para obtener tierra de labor, ni siquiera podían imaginarse que, al eliminar con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases de la actual aridez de esas tierras. Los italianos de los Alpes, que talaron en las laderas meridionales los bosques de pinos, conservados con tanto celo en las laderas septentrionales, no tenía idea de que con ello destruían las raíces de la industria lechera en su región; y mucho menos podían prever que, al proceder así, dejaban la mayor parte del año sin agua sus fuentes de montaña, con lo que les permitían, al llegar el período de las lluvias, vomitar con tanta mayor furia sus torrentes sobre la planicie. Los que difundieron el cultivo de la patata en Europa no sabían que con este tubérculo farináceo difundían a la vez la escrofulosis. Así, a cada paso, los hechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente.

En efecto, cada día aprendemos a comprender mejor las leyes de la naturaleza y a conocer tanto los efectos inmediatos como las consecuencias remotas de nuestra intromisión en el curso natural de su desarrollo. Sobre todo después de los grandes progresos logrados en este siglo por las Ciencias Naturales, nos hallamos en condiciones de prever, y, por tanto, de controlar cada vez mejor las remotas consecuencias naturales de nuestros actos en la producción, por lo menos de los más corrientes. Y cuanto más sea esto una realidad, más sentirán y comprenderán los hombres su unidad con la naturaleza, y más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo, idea que empieza a difundirse por Europa a raíz de la decadencia de la antigüedad clásica y que adquiere su máximo desenvolvimiento en el cristianismo". [ 7 ] Un discurso  que muchos ambientalistas podrían hacer suyo.

Las experiencias que se han generado a partir del análisis marxista, es decir, principalmente la Unión Soviética y China (y otras), se encontraron en circunstancias distintas de las previstas por Marx. Eran países económicamente retrasados. El hambre estaba a menudo muy extendida. Era necesario, en primer lugar, garantizar un desarrollo económico considerable para que todos tuviesen un mínimo para vivir.


Luego, por desgracia, estas experiencias no tienen lugar en un contexto internacional neutral en el que los otros estados permitan que el país se desarrolle pacíficamente, mediante sus propias fuerzas. Por el contrario, vemos como los Estados Unidos hoy en día (y antes los países europeos) atacan a todas las naciones que no siguen estrictamente su modelo. Desde el principio, la intervención de estos estados (con razón llamados imperialistas) fue importante.

En 1918, los alemanes pidieron un armisticio. No están derrotados militarmente. Todavía ocupan Francia ampliamente. ¿Por qué? Porque una revuelta y pronto una tentativa revolucionaria iban a estallar en el país. Son los espartaquistas. Serán golpeados e incluso asesinados. El final de la guerra permite a los rusos blancos, es decir, a los partidarios del zar, llevar a cabo un gran ataque contra el nuevo gobierno bolchevique. Conquistan muchas ciudades en 1918. Cuentan con el apoyo logístico y financiero de los estados aliados (Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos). Se espera que las fuerzas aliadas invadan el país. Japón adopta esta estrategia, avanza en profundidad en Siberia, muy alejada de los combates reales y permanecerá allí hasta 1923-1924. Se retira por voluntad propia, porque ya no sirve para nada. Los bolcheviques ganaron. Pero por los pelos.

Posteriormente, las intervenciones son numerosas. En China, los Estados Unidos apoyan al general Chiang Kai-shek. Hasta 1947, definen su estrategia apoyando a China como una cabeza de puente y transformando al derrotado Japón en un país agrícola. Pero Mao gana y Washington se ve obligado a cambiar su política, basándose esta vez en Japón.

Y ¿qué decir de la guerra en Vietnam, donde franceses y estadounidenses se niegan a reconocer los resultados de las elecciones celebradas inmediatamente después de la guerra? ¿O de la intervención estadounidense en la Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro y reemplazarlo por un gobierno en deuda con la Casa Blanca?. Y podríamos añadir las intervenciones de Irak, las amenazas contra Irán, Siria o Corea del Norte.

En pocas palabras, el estado que quiera construir una sociedad alternativa, precisa, imperativamente, aunque no esté entre sus opciones iniciales, ser capaz de defender el país contra las intervenciones militares. Esto explica en parte los esfuerzos para aumentar la producción en los países socialistas. No se puede poner en el mismo plano que la disposición de capitalismo a producir más y más. Obviamente, podemos discutir (probablemente largo y tendido) si los experimentos socialistas que surgieron merecen este nombre. Pero ese no es el problema, porque lo sean o no, se enfrentarían a estos problemas.

Es cierto que la URSS desarrolló más que otros sitios una concepción del aumento de la producción material. Se intentó introducir una alternativa al PIB llamado producto material bruto. Y la idea de la riqueza estaba asociada con la producción de bienes materiales. Era más bien un error (lo que sucede cuando se crea una nueva sociedad), que una verdadera lógica productivista. ¿Y dónde la encontramos? En que se acabó introduciendo una lógica productivista en la URSS, lo que, en última instancia condujo al capitalismo, donde nisiquiera la producción es lo que prima, sino el beneficio.

Denigrar el socialismo y ponerlo al mismo nivel que el capitalismo sólo puede debilitar los movimientos alternativos, ya que excluye una de las mayores formas de sociedad alternativa. Además, la sociedad socialista se basa precisamente en lo contrario de lo que conduce al crecimiento ilimitado: en la propiedad colectiva, que debe impedir la búsqueda de beneficios cada vez mayores.


  7.¿ Un retorno a pequeña producción de mercancías?

Aunque hay diferencias entre las corrientes que reclaman el decrecimiento, hay un pequeño punto de convergencia en la alternativa. Lo que se propone es una economía descentralizada, pequeña, basada en el intercambio de productos, que asegure la satisfacción mutua de las necesidades, sobre la base de la economía solidaria actual. Una economía desmonetarizada y descentralizada, escriben Alexis J. Passadakis y Matthias Schmelzer.

En realidad, se necesita un principio para hacer funcionar el intercambio entre las pequeñas unidades de producción (ya sean de bienes o servicios). Y este principio es la moneda. Sin duda, para sus promotores, una moneda sólo para el intercambio y no de acumulación. Un poco como funcionan los SEL, el sistema de cambio local. Por tanto, esta alternativa es comercial y por tanto monetaria, aunque lo sea a una escala limitada.

El problema es que esta solución o es totalmente utópica, irrealizable, o, necesariamente, generará capitalismo. Es utópica si se cree que puede restringirse a un estado limitado. Actualmente existen experiencias, pero a un nivel totalmente insignificante. Existen porque el resto trabaja en la lógica del capitalismo y ese resto proporciona la mayor parte de los bienes y servicios vitales. Una "economía solidaria" no es posible a una escala planetaria.

Y ¿si fuese posible como alternativa real sería deseable? De hecho, una serie de importantes problemas son de orden mundial, ¿están por tanto fuera del alcance de las pequeñas unidades de producción? De alguna manera, esta alternativa reproduce la ilusión anarquista o libertaria de los hombres libres preferentemente sin Estado o con un Estado mínimo. En cambio, los problemas de hoy, sobre todo los medioambientales, son globales: el calentamiento global que afecta a una subida del agua puede llegar a inundar Bangladesh y Mauricio, que no se encuentran entre los mayores contaminantes de la Tierra; el uso racional de la energía requiere de la cooperación internacional para utilizar mejor el sol allí donde incide con sus rayos más abundantemente, el viento allí donde existe, el agua donde esté, etc.

Por otra parte, si no es una utopía, si efectivamente se construye una producción a pequeña escala, con el tiempo se reproducen los mecanismos que llevaron al capitalismo actual. ¿Por qué? Porque la moneda servirá como capital, porque algunos proporcionarán más bienes y servicios, y querrán sacar tajada. Y los mecanismos de regulación, posiblemente introducidos, no serán lo suficientemente potentes para detenerlos. Es lo que sucedió en los siglos XVIII y XIX.

¿Por qué imaginar o creer que sería diferente hoy en día? Lo que falta en el proyecto es pasar por alto el mecanismo principal para cambiar verdaderamente de sociedad y de lógica, es decir, la propiedad de las empresas y firmas. Si se mantienen a nivel privado, los "dueños" pueden decidir de manera independiente y "soberana" contaminar, causar problemas a sus "competidores" para que, para seguir poder compitiendo, tengan que contaminar o explotar el trabajo... El hecho de que esta propiedad esté en manos de una cooperativa apenas cambia la situación. United Airlines, por ejemplo, es una compañía propiedad de los empleados. ¿Qué cambia a nivel de competencia en las aerolíneas?

De hecho, la única alternativa real para satisfacer tanto los problemas ecológicos y como los humanos es la transición a una propiedad colectiva, pero pública, para estar lo suficientemente centralizada y para responder a las necesidades mundiales. La manera de hacer funcionar la economía debe pasar por el estado en el marco actual. Esto permite un poder suficiente para imponer a todos la misma lógica de la producción, incluyendo a aquellos que quieren seguir enriqueciéndose. Además es un órgano que puede decidir sobre la situación política y económica. No son dos autoridades distintas. Y el Estado o los Estados son instituciones que pueden hacer frente a los desafíos globales. Efectivamente, es socialismo. Pero hay que distinguir estas alternativas de las experiencias que tomaron el nombre de socialismo y que o bien no deberían tener la pretensión de llevar ese nombre, o se encuentran en situaciones que les impiden fuertemente llevar a cabo los principios fundamentales.

  8. Conclusiones

Yo no creo en los méritos de los argumentos sobre el decrecimiento.

1. No se basan en conocimientos científicos sólidos, en una base analítica, sino más bien borrosa, vaga y por lo tanto a veces inconsistente.

2. A Incluso aunque pretenden enfrentar los problemas ambientales actuales de una manera radical, no ofrecen una alternativa verdaderamente nueva. Estas comunidades de pequeños agricultores ya habían sido planteadas por varios socialistas utópicos del siglo XIX. Son traídas de nuevo a la actualidad. Pero o bien tienen un contenido irrealizable, como vimos en aquella época, o son reaccionarias en el sentido de que miramos hacia atrás en la dirección de la historia, en lugar de proporcionar una solución hacia delante.

3. Una serie de cuestiones planteadas por las teorías de el decrecimiento son reales y debe discutirse. Hay un agotamiento de los recursos naturales. Existe un mito sobre el crecimiento entre los capitalistas (pero no es el único). La sociedad de consumo actual es perversa. Pero ¿por qué la solución a esto sería el "decrecimiento"? Al contrario, con un poder estatal de carácter socialista se podrían resolver. Porque al privar a los capitalistas de su propiedad privada, se les quita el poder de decidir e influir desfavorablemente sobre curso de la economía. Aunque esto no es una garantía absoluta. Se requiere igualmente que la gente pueda desempeñar un papel activo en el desarrollo de los principios de ese estado, sin el que el estado socialista se desvía de su misión principal.

4. Las soluciones deben lo más completas y centralizadas posibles, ya que los problemas que enfrentamos hoy son de la misma magnitud. Las alternativas amigables pueden ser agradables, pero no responden a estos desafíos. Esto no impide que haya un enfoque subsidiario, usando la terminología de la Unión Europea: las decisiones deben tomarse al nivel adecuado. El gobierno central no debe establecer el color de los puños de la camisa. Pero sí podría corresponderle, por ejemplo, precisar las directrices en materia de energía, transporte, educación, salud, necesidades básicas a satisfacer, etc.


Henri Houben
Febrero de 2011
Original :GRESEA
Traducción : Asociación Cultural Jaime Lago


[ 1 ] Retomada en GRESEA, esta comunicación sirvió discusión dentro de Attac Valonia-Bruselas. Por lo tanto, hemos descuidado tres elementos también cuestionables, pero que son problemas que puedan surgir en los sindicatos: ¿el decrecimiento es un buen lema para los trabajadores que pierden sus puestos de trabajo? ¿si la sociedad de consumo es insostenible a largo plazo, dados los recursos naturales del planeta, qué puede significar el decrecimiento específicamente para personas que ganan poco y viven en condiciones precarias? Por último, incluso si el patrón de consumo es altamente cuestionable y sin duda se debe extender el análisis en este punto, las fuerzas que están en producción, es decir, un bloque de empleados más o menos organizado ¿están en mejores condiciones para derrocar este sistema, frente a fuerzas a menudo aisladas y desorganizadas como los consumidores? en otras palabras, ¿la palanca de cambios no ya no está en la producción si no en el consumo?, ¿una acción sindical sigue siendo más eficaz hoy que la acción de los consumidores (lo que no significa excluir necesariamente a estas últimas)?
[ 2 ] Economista belga, autor de una historia económica de Bélgica después de la Segunda Guerra Mundial.
[ 3 ] Economista británico, autor del libro "Prosperidad sin crecimiento"
[ 4 ] J. Alexis Passadakis y Matthias Schmelzer, "Decay - 12 pistas para una economía de la solidaridad más allá del crecimiento", julio de 2010.
[ 5 ] Por ejemplo, Michel Husson, "Crecimiento sin CO2" Hussonet Nota N º 24, octubre de 2010.
[ 6 ] Karl Marx, Crítica del Programa de Gotha: ... http://www.marxists.org/francais/ma .
[ 7 ] Friedrich Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre: http://www.marxists.org/francais/ma ...

El texto fue publicado en el sitio como el comienzo del movimiento político de los objetores de crecimiento (EPOC), http://objecteursdecroissance.be/spip.php?article168


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